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El extraño

@nandopilgrim

Siempre espero que el verano tarde un poco en llegar, que no tenga prisa. Prefiero el frío del invierno, la lluvia, el viento, los días grises. No es que me guste regodearme en la melancolía de la caída de las hojas en otoño, los árboles desnudos y demás, pero simplemente me parece que cuando hace frío los días son más productivos. Y más hogareños.

El verano, con todo ese calor que te juzga a cada paso que das por una calle que parece el embudo de un secador de pelo, con la sensación desagradable y pegajosa del sudor perenne, la pereza de hacer nada… me puede. Luego, claro, está la parte buena: las vacaciones, la playa, las piscinas, las siestas con o sin Tour de Francia, las charlas hasta la madrugada, los paseos nocturnos…

Cada estación tiene su parte positiva y hay que exprimirlas al máximo para no perder un ápice de vida.

Pero cuando he salido a por el pan algo me ha dicho que el verano ya estaba aquí. Así, sin avisar, de golpe. Ha caído sobre mí con todo su peso. Resignado, he ido a la panadería-cafetería que por suerte está cerca de mi casa pensando en que los pantalones vaqueros ya me empiezan a molestar. Al menos el establecimiento tiene el aire acondicionado encendido.

Después de hacer la compra he visto a la pareja de ancianos que cada día acuden allí a tomarse una cervecita y un aperitivo ligero. Se sientan delante del televisor y se entretienen con el concurso matinal. Lo comentan y parecen felices. Él le toma la mano y ella le mira. Pero algo en su mirada es diferente a la de ayer. No le conoce. Hoy no.

Él lleva en su rostro toda una vida de recuerdos y de experiencias vividas a su lado. Y hay días en que hablan de ello, y se ríen, y recuerdan. Y si ella no se acuerda, él sigue hablando de otros tiempos y siguen construyendo juntos el pasado. Parece que cada arruga en su piel y en su cara tiene algo que contar.

Pero hoy no hablan, ni ríen, ni recuerdan. Hoy simplemente miran el televisor y de vez en cuando él comenta algo relacionado con el concurso, y ella asiente sin decir nada. No conoce a ese hombre que está sentado a su lado. Sin embargo, se ha dejado vestir con sus mejores ropas (como cada día) y lleva un pelo estupendo y las manos llenas de sortijas y pulseras. E incluso va un poco maquillada. Cada mañana él la viste y la prepara antes de salir de casa, aunque no se acuerde de quién es ni de por qué tiene que hacerlo. Para ellos cada día es domingo, y van vestidos para la mejor de las ocasiones. ¿Qué más da si hoy es jueves? A ellos no les importa.

Hoy él coge sus manos entre las suyas y las acaricia amorosamente. Ella le mira, agradecida y al mismo tiempo extrañada ante esas muestras continuas de cariño. Como se porta bien, no le dice nada. No le molesta. Él puede ver en sus ojos cómo se asoma el abismo de la incertidumbre, y se muere por explicarle todo lo que han pasado juntos, por relatarle cada capítulo de su vida como si de una novela se tratase. Pero sabe que es inútil, que no servirá de nada. Ya se dio cuenta de que ello no la ayuda a recordar, es más, la hace sentir peor, porque se siente culpable por no acordarse de todas esas cosas bonitas que él le cuenta. Así que él calla, coge su  mano y mira la tele.

Cuando se terminan la cerveza y el concurso ha acabado, van como todos los días a dar un paseo por el parque y por la avenida.

Hay días en que él es para ella su marido, el compañero de toda una vida, y otros en que solamente es un extraño.

Escúchame

@nandopilgrim

Me he encontrado últimamente con situaciones que me han contado que me dan coraje. Y son fácilmente evitables, ya lo creo. Simplemente creo que no nos damos cuenta al cometer uno de los errores más frecuentes y posiblemente, de los que más daño causan que conozca.

No escuchamos. Así de fácil. Oímos pero no escuchamos.

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A veces, por no decir la mayoría, no tenemos que escuchar palabras. Es la actitud de la persona que tenemos enfrente la que nos va a decir cómo se encuentra, si algo va mal. No vamos a saber qué es porque no tenemos telepatía ni podemos leer el pensamiento, pero tenemos suficiente capacidad para percatarnos de que las cosas no van como deberían ir o que esa persona no ha tenido un buen día. O quizá una buena semana.

¿Y qué podemos hacer? Escuchar. Con todos nuestros sentidos.

Estos pensamientos van orientados hacia las personas que tienen una persona a su lado más allá de la amistad, y es así porque son los casos de las personas que me han contado o que he escuchado que su pareja no les comprende. Se empieza a no comprender por no hacer el esfuerzo, y cuando tienes una pareja y notas esa falta de motivación por entenderte es algo muy duro.

Porque a ver… me resulta difícil de explicarlo porque es algo tan obvio, que me irrita que la gente no sea capaz de pensarlo por sí mismos y darse cuenta de ello. Al menos lo voy a intentar.

Si tu pareja ha tenido un mal día, o una mala semana, o un mal momento, ¿qué más da? O notas algo fuera de lugar, siempre hay una razón. Siempre. Y no vale el “ya se le pasará” porque eso no siempre funciona. Incluso cuando te dicen “vete” seguramente en el 99 % de los casos no lo están sintiendo así. Por muy independiente que sea una persona, por muy fuerte, todos necesitamos ese apoyo incondicional que nos demuestre que realmente le importamos a alguien. Es en ese momento cuando se ha de demostrar que estamos ahí para lo que sea, y tienen muchísimo más peso cinco minutos en un momento malo que un año de momentos buenos. Porque a las buenas todos sabemos estar, es tan fácil…11734061_10207076232575037_1021771409_o

A las malas es un poco más complicado. Y sí, por mucho que intentemos ponernos en la piel del otro no lo vamos a conseguir nunca, así que no hace falta intentar asimilar completamente qué es lo que le está ocurriendo a la persona que te importa. Pero hay que estar ahí, la mayoría de las veces no hace falta ni hablar. Simplemente, que note tu presencia. No siempre va a contarte todo cuando le preguntes qué le pasa. Creo que eso no pasa nunca. Pero si de repente tiene ganas de contártelo, si le apetece o lo necesita, no puedes no estar. Hay gente que huye de los problemas cuando no encuentra una solución o piensa que le superan. Desaparecen sin más. Por unas horas o para siempre. Los hay que zanjan los temas de un modo muy rápido y efectivo, “no entiendo porqué te pones así si es una tontería”. Otros le quieren quitar hierro al asunto con humor, sin darle importancia, pero hay que tener mucho tacto para conseguirlo y no siempre es la mejor opción, aunque cuando da resultado también hay que decir que es la más efectiva de todas y al fin y al cabo, la voluntad también cuenta y se ha de valorar.

Pero ignorar el problema sí que no está permitido en ningún caso. No hay peor soledad que estar acompañado por alguien no ya que no te comprenda, cada uno tenemos nuestras limitaciones y también hay que entender eso, sino por alguien que no hace el esfuerzo de entenderte, que no lo intenta, que prefiere pasar página o que te lo comas tú solo.

Ése no es el camino, desde luego, si lo que quieres es que tu camino siga siendo paralelo a la persona que tiene el problema.

Una respuesta fuera de lugar, un silencio sin motivo alguno, un gesto de indiferencia pueden ser los indicadores de que algo no marcha bien. Esos y mil más, cuando llevamos un tiempo al lado de alguien ya sabemos qué actitudes denotan un problema. Pues entonces hay que actuar para demostrarle que nos importa. Como preguntar qué le pasa ya sabemos que pocas veces da resultado, pues escuchemos de otro modo, porque (esto me sucede a mi) cuando le preguntas a alguien diez veces que qué le pasa o le insistes para que te lo cuente, se puede agobiar y es peor incluso que no hacer nada.  Estando ahí es un modo, no huir. Me parece una actitud cobarde y mezquina, y si lo escribo es porque sé que sucede, no me lo estoy inventando. Evitar una conversación que puede llegar a irritar a la otra persona también es algo que no tenemos muy asumido, pero que debemos practicar. Hay temas que por urgentes que parezcan se pueden posponer a un mejor momento. Los dejas pasar unas horas, o unos días, y luego se abordan y se tratan de otro modo. Y por supuesto, el contacto humano. Esto ya quizá sea algo más personal, sobre todo desde mi punto de vista, pero agradezco el roce de una mano por la espalda, una caricia, o una mano en la rodilla cuando estoy sentado perdido en mis pensamientos. Porque eso me dice que hay alguien ahí, alguien en quien poder confiar y alguien que me va a escuchar si necesito expresar mi preocupación.

Hay que saber estar, nada más. No somos psicólogos ni orientadores, no tenemos las palabras adecuadas, no sabemos la solución de cada problema. Pero podemos estar, y estando, escuchamos. Que es lo que realmente ayuda, y que cada vez practicamos menos.11737068_10207076233455059_796425281_n

(Y si la persona afectada se decide a hablar, un consejo: apaga la tele! Me da igual que sea la final de la Champions o que vayan a decir quién es el asesino, apaga la tele, en ese preciso momento, no hay nada más importante que sus palabras!!!)

Hay una actitud que recomiendo porque creo que funciona, y lo digo de verdad. ¿Quién no ha pagado los platos rotos que no le correspondían? Todos hemos pasado por ahí, y hemos hecho que otros lo paguen también. Pero entonces, cuando lo paguen contigo, aguanta la tormenta. No la devuelvas, quédatela. Entiende que esa persona está teniendo una actitud anormal contigo y que esa actitud tiene un motivo que seguramente ni te imaginas. Entonces deja pasar unos minutos y cuando se haya calmado, acércate y dale un abrazo, y un beso. Sin prisas, sonriendo. Sin palabras. Ese gesto le dice que sabes que ha tenido un mal día, que no le tienes en cuanta su actitud contigo de hace un momento y que estás ahí para lo que haga falta. Que le acompañas. Nada más. Quizá entonces se decida a contártelo y desahogarse, o quizá toda la rabia y la frustración se haya deshecho con ese gesto y simplemente, no tenga ganas de hablarlo por no recordarlo. Sea como sea, hay que estar ahí. La gente necesita que se la quiera cuando menos se lo merecen. Y hay momentos malos que duran meses, y hay que estar ahí, si realmente esa persona te importa y sabes que cuando el problema se supere, volverá a sonreír. No nos perdamos esa sonrisa, suele ser la mejor de todas.

Cuídate, cuídale

@nandopilgrim

Hay que cuidarse. Por uno mismo, sí, pero sobretodo por tu pareja. Porque por muchos años que dos personas lleven juntas o por mucho que se conozcan, hay que esforzarse en agradar. Siempre. Perdemos esa costumbre con facilidad.

Veréis… no sé muy bien cómo empezar. Yo nunca me había depilado las piernas hasta hace poco, y he empezado a hacerlo por la afición al ciclismo: por comodidad e higiene. Voy  a ahorraros los detalles de mi incursión en este desconocido mundo de cera, pinzas y dolor pero os puedo dejar alguna reflexión que me vino a la mente mientras charlaba con la esteticista. Sí, esteticista y no esteticién, que viene del francés y la utilizamos incorrectamente. Si no me creéis, lo buscáis (como he hecho yo) (se aceptan correcciones).

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No pain, no glory…

A lo que iba… en una de esas charlas me comentó el caso de un hombre que una vez separado de su mujer fue a que le “arreglara” el rostro. Pues supongo que sería depilarse las cejas, la nariz, las orejas…  No voy a hacer apología de la depilación, no me malinterpretéis, pero el concepto es éste: ¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes? ¿Acaso antes no le haría falta, o es que ahora piensa que así puede agradar a otra mujer?

Ni ése caso en concreto ni otros pretendo juzgar, pero pensémoslo un poco. Nos descuidamos a nosotros mismos en la comodidad de que ya tenemos los deberes hechos. Sobre todo los hombres. Sí, chico, sí… obri l’ ull…

¿A quién no le gusta presumir de pareja? No sólo como la persona que es, que por eso la queremos, sino físicamente también, aunque está claro que debemos aceptarnos tal y como somos y aceptar a la otra persona tal y como es, pero siempre se puede hacer un pelín más por agradar. Porque eso se nota, y se valora.

Hay muchísima gente que empieza a cuidarse cuando se ven solos. Cuando se separan, cuando se divorcian o se rompe una relación. Entonces se dan cuenta de que pueden hacer mucho más por dar una buena primera impresión, y esa primera impresión siempre es física, no conoces cómo es una persona en un golpe de vista, pero sí puedes decidir si te gusta lo que ves o no. Entonces pensamos “podría depilarme las cejas, podría tener un poco menos de barriguita, podría hacer más ejercicio”.

¿Y si todo eso lo pensamos y lo ponemos en práctica durante la relación, que beneficios nos puede aportar?

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No, así no…

Pues bastantes. Para empezar mejorar nuestra propia autoestima, que siempre conviene reforzar un poquito (sin pasarse). Una persona segura de sí misma siempre es más atractiva, y su pareja lo nota. Y buscar agradar a nuestra pareja, que se dé cuenta de que lo hacemos por ella, por gustarle cada día, por darle a entender que aunque le hayamos jurado amor eterno (por decirlo de alguna manera) lo que pretendemos es conquistarla día a día para que nos valore y se sienta bien por ello a nuestro lado.

Hay muchas maneras de mejorar en una relación y ésta es una de ellas, no menos importante que intentar aprender cada día cosas nuevas o seguir culturizándose. Si siempre vas vestido de la misma manera, tanto si bajas a por el pan como si vas a la boda de un amigo pues llegará un  momento en que tu pareja se canse de eso, puesto que al “arreglarnos” para salir con ella le estamos demostrando que nos importa la imagen que damos a su lado.

No quiero decir con esto que haya que perder uno su propio estilo o dejar que nos imponga la otra persona lo que nos tenemos que poner (que si eso pasa, huye bien lejos, eso también te lo digo).

También hay chicas que sólo se depilan las piernas en verano, evidentemente lo hacen por ellas mismas y no por su pareja, que le ve las piernas todo el año. Ahí ya cada cual con lo que le importe, pero arreglarse sólo en determinadas épocas porque pueden llevar faldas y pantalones cortos… podría ser un error.

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Así tampoco…

Y si tu pareja no se da cuenta de esas cosas que podría hacer y no hace… pues díselo tú. Con tacto, cariño y suavidad, claro. Que estas cosas cuestan a veces mucho de encajar, hay que tenerlo en cuenta, pero todo se puede hablar. La comunicación en la pareja es básicamente lo más importante, nadie somos adivinos (ni siquiera los que dicen que lo son) y acertar lo que le puede molestar a tu pareja puede ser algo tremendamente complicado por muy bien que os conozcáis. Así que si algo te molesta o crees que puede mejorar, pues háblalo, pues es probable de que la otra persona ni se haya percatado de ello.

Matizo de nuevo: no se trata de cambiar a nadie, por supuesto, sólo de mejorar ciertas cosas que no implican tanto sacrificio como creemos.

Seguro que todos habéis oído comentarios de la gente cuando habla de sus “ex” del tipo: “toda la vida diciéndoselo y nunca me ha hecho caso” y “ahora va y le da por apuntarse al gimnasio” o “mírale, el que decía que depilarse era para nenazas”.

Pues eso, ¿por qué esperar a estar solos para reaccionar?

El deterioro de la pareja puede llegar por muchos caminos, y si apreciamos lo que tenemos no hay que bajar la guardia. La dejadez y la pereza nos empujan a la rutina, que es una enfermedad de difícil cura.

Como siempre escribo de una manera muy personal y tengo la impresión de que escribo cosas que todo el mundo ya sabe, pero quizá a alguien le venga bien pararse a pensar este tipo de cosas.

Mantenerse. O no.

@nandopilgrim

Me ha comentado una amiga si escribiría lo que pienso sobre el “desgaste de las relaciones en el paso del tiempo”. Tema complicado (no sé si estoy preparado) pero me apetece intentarlo.

Posiblemente sea uno de los temas con más matices que conozco y por lo tanto, más difícil de definir.

Porque no todo el mundo ve igual una relación a largo plazo. De hecho, tengo otra amiga que me comentaba un día tomando una cerveza que estar más de tres años con la misma persona es un error. Que hay que aprender algo de cada persona con la que estás y luego cambiar y aprender de otros, ya que estar siempre con la misma persona es aburrido y te cierra nuevas maneras de ver el mundo y conocer la vida.

No voy a negar que es un punto de vista interesante, y tampoco le falta cierto punto de razón, desde luego. Pero no es mi punto de vista, al menos de momento (nunca se sabe).

Porque… ¿y si encuentras la persona adecuada? Y si la encuentras, ¿cómo sabes que es ella? 11256451_10206609191939313_73599587_n

Simplemente, no se sabe. El tema está en valorar lo que esa persona aporta a tu mundo día a día y si es suficiente para ti.

En estos tiempos que corren parece que se puede estudiar y medir todo: que si el amor dura entre tres y cuatro años, que si la postura que duermes revela si eres feliz  o no, que si ciertos alimentos te ayudan a percibir las situaciones de determinada manera… habrá muchas cosas que serán ciertas, pero estudiarlo todo de ese modo tiende a  generalizar, y por lo tanto, no me creo demasiadas cosas de las que leo por ahí. Hoy sin ir más lejos he leído que los nadadores suelen ser mejores amantes y los ciclistas los más materialistas, al contrario de los que practican yoga.  ¿Eso significa que yo, que soy aficionado al ciclismo, soy frío en la cama o que antepongo el valor de las cosas antes que el valor de los propios valores? Sé que he caído en el extremo del contexto, pero era sólo por poner un ejemplo.

La situación de cada uno es tan personal como las células de su médula espinal. Las vivencias que compartes con tu pareja son las que determinan si estás a gusto o no y si estás preparado para afrontar lo que venga. El enamoramiento (lo típico de las mariposas en el estómago, los nervios cada vez que ves a la otra persona y demás) sí que pienso que puede durar cierto tiempo, pero una vez estás enamorado, ¿ese sentimiento está condenado a una muerte segura?

Si valoramos cada día lo que nos aporta mantener nuestra relación actual y el resultado es positivo, hay que cuidar esa relación. Que no nos pueda la rutina, que es lo peor que le puede pasar a una pareja. Hay que tener imaginación para sorprender, y sobretodo ser generosos con la otra persona, porque al principio todo es muy bonito y haces las cosas por tu pareja (detalles, regalos, hacerle un masaje, preparar una cena) casi sin pensarlo, pero una vez se afianza la relación esas cosas van dejándose de lado y se pierden, y ahí está el error. La comodidad es la gran enemiga de las parejas, la tranquilidad de “ya lo tengo todo hecho”.11261085_10206609191979314_672899915_n Hay que pensar en las necesidades del otro, en sus gustos y preferencias, a eso me refiero con generosidad.  Y supongo que alguien pensará aquí que es “demasiado romántica la idea de anteponer las necesidades del otro a las propias” pero es que realmente en las propias necesidades no hace falta pensar, las tienes y las sientes, sólo hay que saber valorar cuándo las tuyas pueden esperar mejor momento. Sin olvidarlas del todo, eso tampoco.

Y si es la otra persona la que ves que se está dejando llevar, que ya no aporta demasiado, quizá haya que ponerse un poco en su sitio y practicar la empatía con tu pareja. Quizá esté pasando un mal momento o haya algo que le afecte más de lo que tú te crees. Quizá algo para ti es una tontería y no para él o ella. Quizá necesite algo más de espacio en la relación, que no porque a veces se prefiera hacer las cosas sin la pareja signifique que se ha dejado de quererla. La vida en pareja es para compartirla, pero no todo se puede (ni se debe) hacer en pareja. Hay personas que necesitan más espacio que otras y si se ama de verdad, hay que comprender eso y aceptarlo.

El tiempo desgasta, eso es innegable, por eso (repito) hay que valorar cada día lo que te aporta una pareja. Valorarlo y cuidarlo, porque también hay épocas difíciles en las que parece que todo vaya a salir mal y situaciones que creemos que no vamos a poder superar, pero si la relación tiene una base sólida no hay que temer.

El problema es cuando al primer escollo se rompe una pareja. Si uno de los dos (o los dos) no están dispuestos a sobreponerse a los problemas con la ayuda o apoyando a la otra persona más vale dar puerta pronto y a otra cosa, porque no va a luchar siempre el mismo si es que a la otra persona poco le importa seguir que dejarlo.

Aquí también podríamos hacer un inciso en cierto tema: las parejas que como no les va del todo bien deciden tener un hijo. No me voy a explayar porque no hace falta, tan sólo una palabra: error. Los hijos de una pareja no solucionan el problema que tienes con ella.11253799_10206609191219295_861482573_n

Nadie tiene una fórmula para el éxito en una relación de pareja. No existe. Existe la implicación, la comprensión, la generosidad, la empatía, la comunicación y el cariño por supuesto también, y muy importante. Hay quien es más cariñoso que otros, pero todos sabemos demostrarlo cuando queremos. Y eso hay que practicarlo también.

He visto ejemplos de todos los colores, parejas que parecían hechas el uno para el otro y se rompen sin un motivo aparente o demasiado grave, matrimonios que llevan toda la vida juntos y se quieren como cuando eran adolescentes, o relaciones por las que nadie (ni ellos mismos) daba un duro y siguen en pie.

Así que nadie te puede garantizar que vayas a estar toda la vida con la persona que quieres.

Sólo hay que disfrutar del momento y de la relación, aprender de ella y no tener miedo a darlo todo.

Y si llega el momento de dejarlo, el cariño que sientes hacia la otra persona te hará sufrir, pero es mejor dejarlo antes que aguantar por comodidad, por no estar solo o por miedo a hacerle daño mientras tú te vas marchitando lentamente. O por el bien de los hijos, no creo que le haga ningún bien a un niño crecer viendo cómo sus padres no se quieren, porque la falta de cariño trae la falta de respeto y otras carencias, y eso no es un ambiente muy saludable para criar a un hijo.

La vida es para vivirla, con una pareja en tu vida, con varias o en soledad. No porque se haya roto una relación de mucho tiempo se acaba el mundo, simplemente tienes otro mundo.

Amor y libertad

@nandopilgrim

Cuando me propuse escribir un blog lo hice por el placer de escribir, y me prometí a mí mismo que no hablaría sobre el amor ni cursiladas así, porque como dijo alguien una vez “ay, Manolete, si no sabes torear pa’ que te metes?” pero la cabra tira al monte, no lo puedo evitar y aquí estoy dispuesto a disertar sobre una pequeña parte de aquello que todo el mundo quiere pero que pocos cuidan, escasos saben cómo se consigue y menos aún lo mantienen vivo (parece pesimista pero no hay más que ver las estadísticas).

Dicho esto, si quieres seguir leyendo me eximo de toda responsabilidad.

Amor: sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. (es la segunda definición de la R.A.E, la primera no me termina de convencer)

Libertad: facultad natural que tiene la persona de obrar de una manera u otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. (esa es la primera definición, pero ojo a la segunda y la tercera: estado o condición de quien no es esclavo; estado de quien no está preso)

El amor y la libertad son dos cosas abstractas, intangibles, no se ven, no se pueden mesurar y no se pueden comprar en una tienda. Ni siquiera por Navidad, aunque mucha gente crea que sí. Pero eso no implica que sean incompatibles. Que muchos piensan que así es, también. Como no las puedes comprar ni en farmacias (más de uno las busca allí), 11216072_10206551699022026_1865555165_n no llevan un prospecto que te diga si las puedes mezclar o no, como ocurre con algunas pastillas y licores.

Pero existen relaciones amorosas que no contemplan esas dos palabras unidas en su vocabulario, por desgracia.

Existen dos grupos: los que tienen una relación y anulan la libertad de su pareja, o son anulados, y los que temen perder su libertad por tener una pareja.

Hablemos de los primeros. Si eres tan egocéntrico que piensas que no sólo eres lo más importante para tu pareja sino que además eres lo único que existe en su mundo, cómprate un perro. No le importará y no te cargarás a nadie a base de desgaste psicológico. Porque no te das cuenta y la gotita de agua como en la tortura china, termina por llevarte a dos desenlaces: o te rebelas un día y se acaba todo de una forma brusca, o te anula tu capacidad de decisión y determinación simplemente por evitar disputas o porque le tienes miedo a un enfrentamiento con tu pareja. Y ninguno de los dos finales es bueno.

Hablemos de los segundos, que son los que menos comprendo. Hay gente que piensa que tener una pareja anula automáticamente su libertad. ¿Por qué? ¿Vas a dejar de ser tu  mism@ por tener pareja?

Personalmente pienso que cuando conozca a una persona y me enamore de ella, no querré que cambie nada de su personalidad, porque entonces seguramente la dejaré de amar si se convierte en una persona distinta a la que me enamoré. Todos necesitamos nuestro espacio, esas cosas que preferimos hacer solos o con otra gente y que nuestra pareja debe comprender. Pequeñas cosas que son nuestras, que ya lo eran y que van en el paquete. Evitando los excesos, claro, no vas a estar esperando  días y noches solo en casa mientras tu pareja se divierte por ahí haciendo su vida sin ti, no es esa mi definición de pareja, pero siempre hay algo que tu pareja preferirá hacer en soledad, o con gente a la que tú poco puedes aportar si estás presente.

Si tu novia se va a ver “50 sombras de (cómo se llamaba?)” con las amigas o tu chico se va a ver el derbi del siglo nº 33 al bar con la cuadrilla futbolera, ¿qué pintas tú ahí? O un viaje con un hermano/a, o un amigo, o pasarte una tarde entera paseando/leyendo/escuchando música por la montaña/playa en soledad para aclarar tus ideas o simplemente, desestresarte.

Llega un momento en el que decides hacer algo y te das cuenta de que tu pareja en eso no te puede (o prefieres que no lo haga) acompañar. Y eso no significa que la quieras menos.

Somos libros con nuestra propia historia

Somos libros con nuestra propia historia

Hay cosas que necesitamos hacer de vez en cuando para no perder nuestra identidad y seguir teniendo conciencia de quienes somos, hacer lo que nos gusta nos completa y nos realiza.

Pero… ¿por qué tener miedo a perder todo eso si tenemos pareja? En mi opinión es un miedo ilógico. Si alguien te ama y quiere estar contigo, te aceptará tal y como eres, y si no lo hace posiblemente tenga una carencia de seguridad en sí mismo que le lleve a ser egoísta, y no has de aceptarlo “por no hacerle daño” porque eso no te lleva a nada. Bueno, sí, te lleva al primer grupo, a que te anulen.

Como dijo José Ortega y Gasset en una de mis frases favoritas, “yo soy yo y mis circunstancias”, así que si amamos a alguien debemos aceptar también sus circunstancias: su trabajo, su familia, sus aficiones, si se ve obligad@ a hacer horas extras, si le gusta salir en bicicleta cuando puede, si ya tiene hijos, o si le gustan las películas raras y en versión original, por poner algunos ejemplos.

Creo que he expresado todo lo que quería con más o menos éxito.

Y creo también que me estoy desnudando ya demasiado en este blog…