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Confidencias: susto o muerte

@nandopilgrim

Hace muchos muchos años, un día normal y típico en el patio de mi colegio V me confió que le gustaba una compañera que se llamaba B. Yo, divertido y emocionado por la noticia fui a contársela a Q y a J en cuanto tuve ocasión. Y claro, Q y J, que gozaban de mi entera confianza fueron con la noticia a B que a su vez se enfadó con V. Evidentemente, V sabía quién era el culpable.

Nada, hoy en día se puede considerar una chiquillada pero que para mis diez años de vida supuso “montar un buen pollo”. Y eso, a los diez años, ya me enseñó una valiosa ecuación matemática: la confianza que me tenía V era equivalente a la que yo tenía con Q y con J, pero no a la que V tenía con Q y J, por lo que yo no tenía el porqué haberles hecho partícipes del secreto de V.

Y ésa fue una gran lección. Años después yo he sufrido lo mismo algunas veces, como todos, algunas más importantes y otras banales, pero que nos obligan a tomar una determinación: o dejas de confiar en esa persona o hablas con ella claramente, con sinceridad, intentando que entienda tu postura para que no vuelva a traicionar tu confianza. Y aún así, puede que te vuelva a pasar. Entonces ya no quedan muchos caminos a seguir.

Pero si somos nosotros los confidentes…

Es realmente importante saber y ser conscientes de que cuando nos cuentan algo, normalmente de tipo personal, esa persona lo hace porque confía en nosotros. A veces buscará consejos y a veces simplemente necesita desahogarse y ser escuchada. Y lo que se espera de nosotros en nuestra condición de confidentes es saber distinguir (difícil tarea) entre si debemos aconsejar o escuchar y, sobre todo, discreción.

Discreción porque lo que nos cuentan no nos pertenece aunque nos hagan partícipes de ello y porque siguiendo la ecuación arriba mencionada la persona que nos ha confiado su secreto probablemente no tenga la misma intimidad con esa tercera a la que nosotros se lo vamos a contar.

Qué poca gente conoce el peso que tiene para la otra persona el valor de nuestro silencio. Muchas veces caemos en el error de que como nos lo han contado porque querían contarlo no supone ningún contrato de confidencialidad por ello, sin pensar que realmente nos lo han contado porque nos lo querían contar a nosotros. Y ese desliz puede salir muy caro: los tópicos a veces son ciertos como aquel de que la confianza se gana con años y se pierde en un minuto.13988617_10210097403422420_2140735171_n

También puede suceder que le inspiremos confianza a una persona concreta sin que tengamos con ésta demasiada amistad, ¿quién no ha pensado en algún momento determinado “y cómo es que éste viene ahora y me cuenta sus cosas”?. Pues porque le inspiramos confianza con nuestra manera de ser, o nuestra actitud, o nuestro carácter, por lo que sea. Y aunque el intercambio de confidencias no sea recíproco no por ello tiene menos valor, ya que para esa persona tiene el mayor valor del mundo y lo hemos de respetar igual, que ése es otro fallo bastante común, el no darle importancia a lo que nos cuenta en confianza una persona que no tenga un peso lo suficientemente importante en nuestro entorno.

¿Y qué es lo que nos hace depositar nuestra confianza en otra persona? Supongo que puede haber mil motivos: porque confiamos en ella, por afinidad, por tener lazos familiares, porque pasamos muchas horas con esa persona (p. ej. un compañero de trabajo), porque está ahí en el momento oportuno o porque pensamos que nos puede ayudar. Y el tiempo es el juez que nos dirá si nuestra elección ha sido acertada o no. Quizá nos demos cuenta enseguida o quizá pase mucho tiempo, pero nunca se equivoca.

Si hemos elegido bien pues aparte del factor suerte que siempre cuenta, quizá realmente hayamos tenido una buena intuición y sobre todo hemos encontrado un buen amigo en quien confiar. Si no, pues tenemos un problema, que quizá se pueda solucionar comentándolo o quizá no tenga remedio. De todas maneras, cuando abrimos nuestros pensamientos a otra persona nos estamos tirando de cabeza a la piscina, lo hacemos continuamente, y es importante saber a quién contamos según qué cosas, porque una vez dichas pueden llegar muy lejos sin que nos enteremos.

Y cuando alguien nos traiciona lo más fácil es echarle la culpa, aunque en mi opinión lo mejor es asumir que ya no podemos confiar en esa persona y admitir que nos equivocamos al hacerle partícipe de nuestras confesiones.13988864_10210097403382419_818924597_n

La manera más segura de que nadie se entere de nada que tú no quieras que se sepa es no contarlo a nadie (muy obvio esto), pero a veces, si la situación es buena la felicidad te impulsa a querer compartirlo con alguien y otras veces, si es una situación difícil o más bien triste llega un momento en que aguantar y tragar todo uno solo es muy complicado, y como humanos que somos necesitamos un apoyo, alguien en quien poder confiar y desahogarnos.

Así que si nos han traicionado tampoco sirve de mucho mortificarse pensado “si es que soy idiota” porque todos nos equivocamos y todos necesitamos alguna vez que haya alguien ahí para escucharnos.

Podemos tener cientos de amigos y conocidos, pero gente a la que poder contar tus cosas con total tranquilidad no habrá nunca demasiada, por eso cuanto más reducido sea el círculo de confidentes menos probabilidades tenemos de llevarnos una decepción, de cualquier modo, tampoco está de más pensar dos veces antes de empezar a hablar si es realmente necesario, el calibre de lo que queremos contar y la calidad o importancia de la persona que tenemos en ese momento enfrente.

Nada que no sepáis ya.

Normalicémonos todos un poco, por favor

@nandopilgrim

Me preocupa mucho la falta de normalización que tenemos hoy en día. Como siempre, hablo de la sociedad en general. Tendemos a darle demasiada importancia a cosas que realmente no la tienen, mientras hay injusticias o situaciones en las que nos encogemos de hombros “porque no podemos hacer nada”.

Y una de ellas es el fútbol y todo lo que lo rodea. Sí, voy a volver a hablar de fútbol, como ya he hecho dos o tres veces en este blog. Pero como siempre, no dando resultados ni crónicas ni mucho menos lo que hace éste o deja de hacer aquel, que más que prensa deportiva parece que tenemos prensa rosa en este país. Voy a hablar de fútbol porque hay situaciones que no logro entender dentro de la coherencia que se supone lleva innata en sí el ser humano.

Se supone.

Porque hay ciertas actitudes o situaciones que en vez de intentar entender o, simplemente, dejar pasar y ya está, la prensa destaca y la gente magnifica convirtiéndolo en carne de debate, disputas y discusiones. Como si no tuviéramos nada más importante que hacer que estar pendientes de lo que pasa en un deporte que, a mi entender, hay que saber disfrutar con moderación y deportividad, sin fanatismos.

Hace poco leí en una red social una opinión sobre un gesto determinado. El Valencia CF había jugado contra el Real Madrid en el Bernabéu y un jugador del equipo local, Álvaro Arbeloa, se despedía del club y del fútbol. Y un jugador ruso del Valencia cedido por el Real Madrid quiso hacerse una foto con él y la colgó en Twitter. Entonces un periodista valenciano comentó que “alguien tendría que enseñarle a Cheryshev qué es el Valencia Cf y qué es lo que significa”. arbeloa y cheryEn mi opinión, no hace ninguna falta. Ni siquiera en el caso de que Cheryshev fuese propiedad el Valencia, que no lo era. Si Arbeloa es su amigo y lo quiere felicitar, hacerse una foto con él de recuerdo y publicarlo en su cuenta, ¿qué hay de malo en ello? ¿quién es el resto del mundo para impedirlo? Ese jugador es persona antes que propiedad de nadie, y no se debe a nadie. Esa simple foto incendió las redes sociales con reacciones en contra de lo que había hecho, porque parece ser que “le faltaba el respeto a su actual club”.

No creo que nadie que quiera hacerse una foto con un amigo le falte el respeto a nadie. El resultado de ese partido, la polémica que hubo e incluso la institución deportiva están por debajo de la amistad que puedan tener esas dos personas.

Otra polémica que se ha encendido últimamente es la de la Copa del Rey y la libertad de expresión. ¿A quién se le ocurre prohibir llevar una estelada al campo? ¿Qué hay de malo en ello? No veo normal ciertas normas, aunque luego alguien se dio cuenta y recularon, y al final las permitieron. Y tengo que decir que sé que las había por las fotos de algún periódico, porque por la retrasmisión de Televisión Española no se vieron. Sólo enfocaban a la afición del Sevilla. Y sobre esa polémica habló el FC Barcelona, sobre la libertad de expresión y demás. Que queda muy bonito quejarse cuando el ofendido eres tú, (que no debería ofenderse tampoco, ya que FC Barcelona=institución deportiva y estelada=reivindicación política)  pero no cuando por ejemplo el Atlético de Madrid visitó el Camp Nou hace dos años para una eliminatoria de Champions y los Mossos d’Esquadra requisaban a los aficionados colchoneros sus bufandas y banderas españolas con el escudo del Atlético, llegando a decirle incluso a uno que se le ocurrió protestar “o te callas o te damos dos ostias y además te quedas sin ver el partido”. Libertad de expresión en su máxima expresión, valga la redundancia y permitidme la ironía.

Y a otros niveles más humildes, hace poco estuve viendo un partido de la promoción de permanencia en 2ªB entre el Olímpic de Xàtiva y un equipo guipuzcuano, el Leioa. Una pequeña parte de la afición local fue al campo con banderas españolas y durante el partido se escucharon cánticos de “que viva España” y cuando marcaron gol los visitantes, “puto vasco el que no bote”.

Y yo me pregunto: ¿esto es necesario? ¿Por qué? ¿Por qué de repente van al campo con banderas españolas y entonan esos cánticos que no han cantado el resto de la temporada? ¿lo hacen porque el equipo rival es vasco? Entonces, ¿dónde queda el deporte y empieza la falta de respeto, la mala educación? ¿Dónde queda la normalidad  de todo esto?

Se esfuma, sin más.

Y lo más triste y lamentable es que no es un caso aislado, es un problema que va en aumento, cada vez con mayores incidencias violentas, racistas, homófobas. Y lo aceptamos como algo habitual e inevitable, y no deberíamos, se puede evitar, se puede educar a la gente, a los más jóvenes, debemos de dejarnos de fanatismos deportivos que no nos conducen a ninguna parte.

Los niños… aprenden de todo, y se suelen quedar más con lo negativo, por desgracia. Esos partidos entre niños de edades muy tempranas donde los padres no dejan de gritar, de insultar, de agredir verbalmente al árbitro, a otros padres, a los propios niños que no saben ni porqué están gritando tanto.Niños-jugando-Toni Les enseñan competitividad desde pequeños, a que el rival es un enemigo en vez de un amigo, a que hay que burlarse cuando caiga en vez de ayudarle a levantarse. Estamos fomentando una cultura deportiva horrible e inhumana.

Entre el periodismo deportivo que magnifica y alimenta estos comportamientos y la gente radical que se escuda en los eventos deportivos como una manera de sacar su agresividad, están convirtiendo al fútbol en un deporte que no vale la pena seguir.

El fútbol es un deporte, no es un instrumento político, no es un arma arrojadiza, no es un modo de vida. Es un entretenimiento, nada más, no lo convirtamos en una parte esencial de nuestra vida porque nos resta facultades, nos impide darnos cuenta de otras cosas mucho más importantes a las que sí debemos prestar toda nuestra atención y nuestros cinco sentidos.

Normalicemos esto, y luego seremos capaces de ver cosas más trascendentales.

Terrorismo es todo

@nandopilgrim

#jesuis ¿de dónde? ¿De dónde la repercusión mediática es mayor? ¿O de dónde sólo las “semejanzas” socioeconómicas nos hacen sentir más próximos? Hay muchos, muchísimos lugares hoy en el mundo donde se está sufriendo la injusticia impartida por el terror, el sufrimiento de inocentes a expensas del fanatismo. No es sólo en Bélgica, como tampoco lo fue sólo en París. Pero vemos lo que nos hacen ver, nada más. Lo que nos ofrecen, lo que destacan. Lo que interesa.

Terrorismo es todo. Es matar por una idea, normalmente religiosa. Es matar por defender la libertad de un pueblo. Porque la libertad termina donde se intenta conseguir lo que se desea a base de muertos y terror.  Es negar los derechos humanos más básicos a aquellos que huyen del horror de la guerra. Es dejar que la gente muera de hambre, o a bordo de una patera. Es cerrar las fronteras. Es dejar que un grupo de ultras humille a unos mendigos en la Plaza Mayor. Terrorismo es celebrar un mundial de fútbol en una calle donde en la otra acera la gente no tiene agua corriente, ni luz, ni qué comer. Es no intervenir en la franja de Gaza porque Israel es un buen aliado. Es obviar las barbaridades que se cometen en los países árabes porque ellos tienen el petróleo. Es dejar que en el centro de África se secuestren y se violen a miles de mujeres y lo hacemos. Lo hacemos porque son guerras que no nos interesan. Elegimos a quien defender, a quien atacar, por intereses económicos. Elegimos de quien sentir lástima porque nos creemos más cercanos a ellos. Elegimos los genocidios que nos convienen, es así de duro y de cruel. Terrorismo es dejar que medio mundo se muera de hambre y de sed porque los recursos están mal repartidos, mientras ponemos el grito en el cielo por una epidemia que no llega a ser ni la décima parte de los males que sufre el tercer mundo. Terrorismo es considerarnos el primer mundo, y dejar que el resto se las apañe solo. Terrorismo es dejar que las farmacéuticas controlen el mercado, y nieguen los avances que se hacen. Terrorismo es callar que la primera potencia mundial viva del comercio de armas, y luego asombrarnos y horrorizarnos porque esas mismas armas han regresado para matar en defensa de nosequé guerra santa.12674143_10208884593582932_2006198052_n

Porque la religión es terrorismo. El fanatismo lo es. Rezamos para que no se mojen las cofradías en Semana Santa mientras en esta misma Europa hay gente está durmiendo en el barro porque no hay un solo país que haya tenido la decencia de decir “no” al cierre de las fronteras. La religión vive del miedo del ser humano, se alimenta de él. “No hagáis esto, no hagáis lo otro”. Sed infelices para volver aquí a buscar el perdón, mientras familias enteras no se hablan por tonterías. No tenemos conciencia del prójimo, más que cuando nos la imponen, y generalmente, nos dicen también quién es el prójimo y quién no. Terrorismo es que la Iglesia te pida poner una “x” en tu declaración de la renta mientras que sólo la mitad de ese dinero va a Caritas, el resto va a emisoras de radio y canales de televisión que la Iglesia controla y manipula.

Terrorismo es rescatar a los bancos y dejar que éstos echen a la calle a gente sin recursos, sin familia. Terrorismo es tener un presidente del gobierno que su trabajo está en el Registro de la Propiedad, mientras firma con la banca leyes para desahuciar a la gente. Se llama incompatibilidad por conflicto de intereses, pero el interés que más prima es el dinero, y eso es terrorismo. Terrorismo es decir que ha muerto una mujer, cuando la han matado a golpes. Recortar en sanidad, en educación, y tener el valor de negarlo, eso es terrorismo. Lo es cuando les recortan las ayudas a los dependientes, o los medicamentos a los enfermos crónicos. Terrorismo es dejar que la gente vaya a la cárcel por decir la verdad, o simplemente, por decir las cosas que el gobierno no quiere oír. Terrorismo es no dejar que un pueblo elija su futuro.

Pero es terrorismo permitido. Somos así de dóciles. Nos manipulan y nos da igual. Y todavía nos encogemos de hombros y decimos “¿y qué les falta por hacer?” Pero les damos carta blanca para que lo hagan. Son terroristas que nos dicen con qué miserable sueldo tenemos  que vivir, mientras ellos viven de la opulencia y la fastuosidad obscena que se han creado alrededor. Terrorismo es permitir que grandes empresas se beneficien de las leyes hechas para su favor y exploten a los trabajadores, o se aprovechen de las necesidades de la gente.

Terrorismo es dejar que empresas españolas compren sus productos en el extranjero, donde no les hace falta pasar ninguna inspección de calidad, mientras ahogamos a nuestros productores con normativas y burocracia. 12884371_10208889774632455_1567048132_nTerrorismo es dejar que tus hijos peguen a otro niño en el colegio, o en la calle, argumentando que eso son “cosas de críos”. Lo es también cuando hay un conflicto con el profesor, y no quieres ver que tus hijos no son perfectos y que el profesor quizá tenga razón.

Hay  muchas clases de terrorismo, lo hay cada día y a la vuelta de cada esquina. Pero si no lo empezamos a erradicar desde la base nunca se exterminará. Porque ahora, los terroristas son “los que gobiernan y mandan”. Pero el día de mañana habrá otros, y si no nos ocupamos de su educación, de enseñarles los valores del respeto, de la igualdad, de la tolerancia, de la verdad y de que una vida humana ha de ser respetada, querida y protegida contra cualquier otro tipo de interés, seguiremos estando igual de perdidos que estamos hasta ahora. Porque es ahora cuando nos estamos dando cuenta de que las sonrisas y las palmaditas en la espalda son una gran mentira, porque a la hora de la verdad esta Europa, tan sólida y tan unida, ha demostrado ser la más indigna de las falacias.

Basta ya de terrorismo, pero basta en todos los sentidos. No seamos hipócritas y sintamos un día lástima por París y otro por Bruselas, aceptemos nuestro papel en este mundo y luchemos contra todo ello desde nuestra posición. No podemos solucionar todos los problemas del mundo en un día, pero es bien seguro que nunca lo vamos a hacer si no empezamos desde nuestra propia casa. La comodidad nos hace olvidar lo correcto, y en esa comodidad se afianzan los terroristas, del tipo que sean, de todos los que he descrito aquí y todos los que se me han olvidado, para darnos una pala y obligarnos a cavar nuestra propia tumba, la tumba de la vergüenza donde la Humanidad ya lleva más de pie y medio enterrado.

 

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Si no la quieres me la das…

@nandopilgrim

 

La Navidad es una época de difícil definición: algunos la aman, otros la odian, a nadie deja indiferente. Y todas las opiniones, por supuesto, son respetables.

En mi caso, me gusta. Es una época que hace sentir bien. ¿Por qué? No lo sé, tengo muchas ideas en la cabeza y voy a tratar de ordenarlas.

Hay mucha gente que detesta la fiesta navideña porque la consideran una fiesta hipócrita: las familias se reúnen, algunas casi por obligación, nos sentimos condicionados a ir de compras, regalos, juguetes, la cena de Nochebuena, la comida de Navidad, los Reyes y demás. Que si la gente es más amable ahora pero el resto del año son inaguantables, que si ahora la gente es solidaria pero después ya no les importa nada, que si ahora todo son mensajes de paz y amor y en enero todo se va al carajo… en fin, no les falta razón.  z4

Pero también conlleva muchas cosas buenas. Tengo una amiga que su familia está distribuida por toda la geografía española: Burgos, Madrid, Valladolid, Santander, Las Palmas, y se reúnen en contadas ocasiones al año. Una o dos, quizá: en Navidad siempre. Porque tienen vacaciones, días libres y lo aprovechan para reunirse con todos los demás miembros de su familia que durante el resto del año es algo francamente difícil de conseguir. Sobrinos, padres, tíos, hermanos, abuelos, nietos… Tengo otro amigo en Alemania, viene dos veces al año: en verano y en Navidad. Pues es un motivo de alegría poder verle y hablar con él, compartir unas cervezas o un café. Hay que valorar esos momentos, son momentos que no puedes disfrutar cuando quieres. Con la familia, con los amigos, momentos extra en nuestro día a día.

La solidaridad aumenta en esta época del año y luego disminuye, eso es cierto. Pero al menos, durante estos días, aumenta. Yo lo puedo comprobar en mi trabajo. Hay empresas que se implican e implican a los clientes con mensajes de solidaridad, y da resultado. Al menos, la gente sin recursos y menos afortunados que nosotros reciben en estos días una mayor cantidad de alimentos, de ropa, de mantas, juguetes, lo que sea. Es cierto que la gente podría ser más solidaria durante el resto del año, pero eso es un ejercicio de voluntad en el que pocos son constantes, y al menos, estos días, sacan esa parte y se consigue una gran ayuda. Algo es algo, pienso yo, es una parte positiva que no podemos obviar.

Al fin y al cabo, no deja de ser una actitud cómo afrontamos estas fechas. Depende de nosotros, no de la sociedad que nos quiere imponer el consumo frenético de banalidades innecesarias. De nuestra manera de ver las cosas y dejar qué nos afecta o qué no, como todo. De si decidimos sentirnos molestos porque hay cosas que deberían ser así durante todo el año y porque hay otras que no deberían ni de existir, o si decidimos por el contrario aprovechar la oportunidad de encontrarnos de nuevo con esas personas que tenemos lejos normalmente o incluso que teniéndolas cerca, no podemos verlas más a menudo por falta de tiempo, y de alegrarnos por esa otra gente que estos días van a ser un poco menos pobres.

Es natural también que a la hora de sentarse a la mesa se eche de menos a aquellos que ya no están y antes acostumbraban a compartir este día con nosotros, pero la vida sigue, valoremos los que están en este momento con nosotros y disfrutemos de ellos, lo otro es inevitable y no podemos dejarnos caer en la melancolía del recuerdo.

Y todo eso está más allá de las creencias personales de cada uno. Yo no monto el Belén, no canto villancicos, no voy a la misa del gallo, no pongo el árbol de Navidad ni decoro mi casa. Pero no puedo evitar que cada vez que llega esta época del año algo sonríe dentro de mí y sienta una extraña y agradable calidez. Y no me avergüenzo de decirlo, me gusta la Navidad.

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Y la ilusión: quien tiene niños en casa, piense lo que piense dentro de sí mismo no puede evitar contagiarse de la ilusión de los niños cuando llega la Navidad. ¿Y qué hay de malo en ello? Todos en el fondo somos un poco niños (ay del que no lo sea) y ver esas sonrisas, esa ilusión y poder disfrutar de ellos en estos días en que tienen vacaciones es algo impagable. Ya crecerán y entonces decidirán en qué creer o qué hacer, cómo ser. Pero ahora es su momento y no se les puede robar. Luego, los valores y los principios que les inculquemos son los que harán de ellos las personas que serán el día de mañana, eso es lo que nos debe preocupar.

Y sí, hay otras culturas en que no se celebra la Navidad, y hay gente que piensa que es innecesaria e incluso perjudicial. Pero no deja de ser como todo, los extremos son malos, si sabemos moderar todo aquello que sólo por ser Navidad nos puede llevar al exceso, no veo ningún mal en celebrarla.

Así que voy a disfrutar, aunque sea por unos días, de la gente, de sus sonrisas, del turrón, de los polvorones, de las castañas asadas, de los cafés con mis amigos, de reunirme con mi familia, de Qué bello es vivir, de las luces de la calle e incluso de los villancicos que escucharé cuando entre en una tienda.

 

“porque no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”

 

 

Feliz Navidad

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Rafa, vete ya

@nandopilgrim

 

Vete, por favor te lo pido. No te lo pido por ti, ni porque tu equipo necesite otra dinámica, no te lo pido por tu presidente. Te lo pido por mí y por toda la gente que te quiere.

Porque donde estás no te quieren, Rafa, no te quieren. No te valoran, ni te respetan. Se burlan de ti.

Hay muchísima gente que te quiere: en Valencia, en Liverpool, en Nápoles.

Cómo olvidaremos los valencianistas cuando llegaste siendo casi un desconocido desde el Tenerife, que ese año le subiste a Primera División, y nos hiciste ganar dos ligas y una Copa de UEFA con un equipo de gente humilde, pero que creía en ti y hacían las cosas bien, nhernande200406171946441valencia-cf1sin grandes fichajes, ni estrellas, pero trabajadores que ilusionaban a la afición, así como tampoco olvidará la gente de Liverpool aquella mítica Copa de Europa que consiguieron ganar después de ir perdiendo 3-0 al descanso contra el Milán, con una remontada en la segunda parte que quedará para siempre en la memoria de los aficionados al fútbol, además, remontándole tres goles a un equipo italiano. Y lo consiguieron gracias a tu psicología, a tu manera de ser, a entrar en el vestuario con los jugadores abatidos mientras arriba, en las gradas, la hinchada inglesa no dejaba de cantar You’ll never walk alone y entonces les dijiste a los tuyos: “salid a ganar, no por vosotros ni por mí, sino por toda esa gente que sigue cantando por vosotros.”

Liverpool's Riise and Gerrard celebrate their first goal during Champions League finals

Y saliste del vestuario para que asimilaran tus palabras durante el resto del tiempo de descanso. Y creyeron, y remontaron, y ganaron.

Pero ya no puedes hacer eso. No en este equipo en el que estás ahora. Estás en medio de dos situaciones que no te favorecen: por un lado, ese equipo se ha convertido en un simple mercado para vender nombres y camisetas, por otro lado el vestuario, fruto de ese mercado, es un avispero de egos insoportablesante-duda-benitez-urde-plan-parar-leo-messi

No hay un proyecto, ni lo habrá. No te van a hacer caso. Habrá lo de todos los veranos, ver cuál es el mejor de cada pueblo y ficharle, valga lo que valga. Para eso son el club más rico (o de los más ricos) del mundo. Para sacar la billetera y llevarse a quien quieran. Porque el dinero es lo único que importa en esa institución desde hace muchos años. No hay un proyecto deportivo, hay una estrategia de marketing la cual te arrastra al barro de la sumisión, desde fuera se te ve como una marioneta ¿acaso tú no lo ves?

Sal de ahí, Rafa. Vete. No te merecen. Hoy he leído que los jugadores se mofan de ti, te han puesto un apodo: “el 10”. Como no conseguiste ningún logro como jugador, creen que no tienes nada que enseñarles como entrenador. Pobres necios, tú todo lo has conseguido como entrenador, ya no eres jugador. Pero no pueden ver eso, su ego les ciega, no están capacitados para darse cuenta de la valía, de la calidad humana que tienen delante. De los conocimientos que les puedes aportar. Y son niños mimados, tus jefes pasarán por encima de ti para satisfacer los caprichos de quienes, en teoría, deberían estar sujetos a tu disciplina.

¿Qué haces ahí?

Uno de los momentos más amargos de mis experiencias como aficionado al fútbol fue el día que anunciaron tu fichaje. Y tú llorabas, emocionado, porque el club de tu vida contaba contigo.

Pero yo supe que eso no era bueno para ti, te iban a hacer sufrir. Y me dolió.

Cuando te fuiste del Valencia te vi en una entrevista en el programa Minut a minut  de Canal 9 (qué tiempos aquellos) y te ibas desilusionado. Te ibas con la frustración de que la directiva no te respaldaba en tus decisiones y pusiste un símil buenísimo, que me encantó: dijiste que te sentías como la novia a la que el novio nunca le hace caso, y cuando la novia quiere dejar la relación el novio le trae flores todos los días, pero ya es tarde.

Ahora no puedes verlo (nunca se ven estas cosas cuando estás dentro de una relación) pero hay otro símil para ti: estás enamorado de una mujer que no te quiere, que te utiliza, que te maneja como una marioneta y no te valora. Pero tú no lo puedes ver, estás a su lado, que es donde querías estar, y aguantas lo que venga.

No te lo mereces, Rafa, de verdad. Tú eres mucho más persona y mucho más digno que todo eso que te están haciendo. Van a utilizarte como cabeza de turco en cuanto se presente la ocasión. Deja de pensar en lo que sientes y piensa más en lo que te mereces, y sal de ahí. Vete a otro lugar (con otra que te quiera de verdad) y sé feliz, empieza de nuevo.

Y vuelve a sonreír.

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¡Apaga la tele!

@nandopilgrim

El título de este artículo es una orden imperativa bastante clara, y para el clima de tolerancia y respeto que me gusta promover y que intento practicar en cualquier situación quizá sea un poco excesivo, siendo mejor un “¿podrías apagar la tele, por favor?” pero ante la enorme cantidad de basura que la caja tonta vuelca en nuestras vidas cada día llega un momento en que hay que imponer un estado de Tolerancia Cero.

Y por muchas razones, voy a ver si las consigo resumir de una manera más o menos eficiente porque nada es blanco o negro, nunca.

La principal razón para ello es la pérdida de tiempo. 250409-apagar-tvRecurriendo al recurrido “para gustos, colores” está claro que a cada uno le gustan o le interesan un cierto tipo de programas, pero si nos paramos a pensar fríamente y siendo sinceros con nosotros mismos ¿cuántos tipos de programas nos aportan algo positivo en nuestro día a día? Muy muy pocos, y los que lo hacen los rechazamos porque “aburren”. El aumento de la telebasura en los últimos años es realmente estremecedor, del mismo modo que lo es el aumento de fieles consumidores de esta programación.

Desgraciadamente, las cadenas se han dado cuenta de lo que alimenta el poco tiempo libre que tenemos por norma general al día es el morbo, la risa fácil (por muy mal gusto que tenga) y la violencia. Por ello cada día la parrilla televisiva aumenta su oferta dedicada a este tipo de programas. Como Gran Hermano, Mujeres y Hombres, Sálvame, La Voz, De buena ley (que ironía), Mira quién baila, Masterchef y otros por el estilo. ¿Qué Masterchef está bien? Estaría bien si no estuviera manipulado, como se ha demostrado y como todos los realitys. apaga-la-tele-2Después están los apartados como El Peliculón o El Taquillazo, que si no muere una media de diez personas por película o aparecen tres o cuatro desnudos el film no vale la pena.

Programas culturales hay pocos y casi todos los aglutina La 2, como Página 2 o This is Opera, algunos documentales y poco más.

Los debates políticos aburren y son repetitivos, ya que hay quien defiende lo indefendible y otros se dedican a hacer propaganda del partido correspondiente. Queda el deporte y el poco cine independiente que se programa. Ah, y los concursos, que los hay de todo tipo.

Pero realmente, y es mi opinión, la televisión es una gran pérdida de tiempo.

Otro motivo es que nos atonta. Lo pienso seriamente. Nos quedamos quietos ante la pantalla sin pensar en nada, sin reflexionar, sin ni siquiera tener conversación. Y la mayoría de las cosas que vemos en ella no nos instruye, es más nos destruye  el intelecto, porque, curiosamente, parece que todo lo que dice la tele va a misa y nos lo creemos a pies juntillas. Ni nos lo cuestionamos. Y eso es muy peligroso. Los partidos políticos y las empresas publicitarias lo saben, por eso invierten tanto dinero en televisión y manipulan los informativos: porque nos lo creemos todo. Por eso tantos minutos de publicidad en las películas, especialmente si son morbosas o violentas, porque saben que más gente las estará viendo.

Hay casos de actores que hacen de malos en alguna telenovela y les han llegado a insultar por la calle o a decirles “¿pero cómo puedes dormir por las noches?”. Si hay gente que no separa la realidad de la ficción en una telenovela, podemos deducir que difícilmente se cuestionarán la veracidad de una noticia o una publicidad. Y son más de lo que nos pensamos.

La conversación que podamos tener sobre cualquier cosa en casa a la hora de comer o de cenar, que suelen ser los pocos momentos en que se reúna una familia, se ve relegada a un segundo plano por el televisor. En qué pocos hogares he visto yo a esas horas el televisor apagado.2011-01-09_IMG_2011-01-02_01.25.25__D0301.jpg ¿Y en los vuestros? ¿Y la costumbre de tener todo el día la tele encendida aunque no haya nadie mirándola? Y no me vale el argumento de que le hace compañía a la gente mayor, porque ese es un caso específico totalmente disculpable y si hablamos de la poca/escasa compañía que tiene la gente mayor más de uno/una no se va a poder disculpar a sí mismo.

Tampoco veo lógico aquello de tener un televisor en cada habitación. Lleva a lo mismo, a separar a los miembros de una familia de tal modo que prefieren ver cada uno su programa favorito antes que estar juntos. Como ya he dicho antes, nada es blanco o negro, pero no me negaréis que tiene narices la cosa.

Otro motivo importante es el ejemplo: los niños hacen todo lo que ven. Si lo que observan es que nadie habla (o le hacen callar, que es peor) por escuchar qué dice el televisor o que lo único que hacemos antes de irnos a la cama es ver cualquier cosa en tv hasta que se nos cierran los ojos van a adquirir esos hábitos para ellos mismo inconscientemente. Eso también es muy peligroso. Entre semana quizá se vayan pronto  a la cama, pero  el  fin de semana no, y los niños son esponjas de comportamientos, palabras y costumbres. 261387_181347448591677_161465307246558_519303_2055249_nEn cambio, si después de cenar, se haya tenido o no una buena conversación (no todas las cenas van a ser el guión de Redes) cogemos un libro y aprovechamos así nuestro tiempo libre vamos a ganar dos cosas: en nuestra salud y en el desarrollo del niño, puesto que va a imitar esa conducta siempre que pueda.

También creo que  son nocivos los canales infantiles “24 horas”. Cada uno tendrá su situación en casa, pero nos viene de maravilla para tener a los niños ocupados y que no molesten. Aparte de no desarrollar una afectividad eficiente con su entorno puede que disminuya su capacidad creativa, ya que al estar ocupados sin nada más que hacer que mirar la pantalla no desarrollan otras capacidades.

Pienso y defiendo que la televisión embrutece nuestro pensamiento y frena nuestro desarrollo personal, empobrece nuestra comunicación familiar y disminuye el sentido propio de los valores, ya que empezamos viendo cualquier cosa que nos parece una aberración y una barbaridad y terminamos por normalizarlo sin escandalizarnos ya apenas.

Todo en su justa medida es bueno, pero hemos sistematizado la costumbre de darle preferencia al televisor antes que a otras cosas mucho más importantes en nuestras vidas día a día. Tampoco hay que inmolarse si eres fan de las películas de Vin Diesel o seguidor de El Hormiguero o si estás esperando a que llegue cierto día de la semana para ver tu serie favorita, pero podemos cambiar muchas cosas con un poquito de costumbre y de fuerza de voluntad.

No espero que estéis todos lo que leáis esto de acuerdo conmigo, pero es mi opinión y si os hace pensar un poquito, pues mejor.

Els valencians som d’un altra raça

@nandopilgrim

Aquest article no tendria el perquè escriure’l, la veritat. M’agradaria que no fera falta. Perque, malgrat ser una persona que s’apassiona amb el que li agrada, en la majoria de coses intente ser prou moderat amb les meues opinions. També es cert que quan crec en una cosa, la defenc a capa i espasa i tot el que calga, però he d’estar ben segur. Es per això que els extrems no m’agraden, no crec que porten res bo i els radicalismes son perillosos.

I últimament me n’he adonat de que hi han situacions que fomenten els malentesos i quasi quasi la violència gratuïta.

Fa poc vaig estar a Monòver i vaig llegir a un periòdic alacantí una de les nomenades “cartas al director”. Un home es queixava de que al nostre territori (digues-li país, digues-li comunitat, no anem a discutir per això) s’està donant més importància al valencià que a l’anglés, per exemple. Deia que el valencià era una llengua inservible i ho feia posant un exemple del qual no me’n recorde i quasi que millor perque era ofensiu. Que el que vullga estudiar-ho que es busque el mitjans i que s’apanye, que estudiar això era perdre el temps. Segurament a aquest individu li pareixerien molt acertades les declaracions de la Carolina Punset quan va dir que “hablar el valenciano es volver a la aldea” i que la pobra dona se’n ha tingut que anar d’Altea perque “el pueblo es muy bonito, pero sólo se soporta en verano cuando la población es extranjera, ya que el resto del año la gente me habla en valenciano y me dan jaqueca”.  No sé jo si serán familia, però ambdós casos em pareixen un poc extrems i destrellatats.

Altea, com pot donar "jaqueca" un lloc així?

Altea, com pot donar “jaqueca” un lloc així?

L’endemà mateix vaig estar amb un amic de Talavera que va vindre uns dies de vacances en Aiora, visitant a una amiga seua que fa poc s’ha establit allí i té dos xiquets de set i deu anys. La xica no està en contra de que els seus fills aprenguen valencià a l’escola, però es queixava (i amb raò) de que els seus fills, que naturalment no estàn al nivell dels xiquets del poble en la matèria no el poden aprendre perque com no tenen cap base de valencià els posen en un aula a banda amb xiquets amb el mateix problema a fer els deures d’altres assignatures. I… ja? Eixa es la sol·luciò? Després que passarà, suspendràn els xiquets per no saber valencià o simplement els passaràn de curs? I un altra cosa, eixos xiquets tenen sis hores a la setmana de valencià, sis, per contra en tenen una només de música (que deuria de ser de les més importants per al correcte desenvolupament de les aptituds dels xiquets) i un altra de dibuix. I una de Cultura Valenciana, és clar.

Es evident que el sistema educatiu que proposava l’anterior i malograda consellera de Cultura atacava directament les linies en valencià i no fomentava per a res l’ús de la nostra llengua i cultura, però fotre, es que d’un extrem pasem a l’altre amb bastant facilitat i no crec que siga positiu per a ningú, deuriem d’estudiar un terme mitjà que no siga tan invasor de les hores lectives i menys amb xiquets tan xicotets, que pot ser necessiten un poc més de tot ara que encara estàn a una edat que l’escola i estudiar fins i tot els agrada.

I per acabar vos comente el que em va passar a mi mateix l’altre dia i pel Facebook, que es pot quedar en anècdota o potser molt greu, encara no sé molt be com qualificar-ho. Vaig publicar un record d’estos que et suggereix l’aplicació i era en valencià, ja que com tinc la sort de ser bilingüe doncs publique segons m’abellix en cada moment. I no sé com, allò ho va llegir una dona (segons el seu mur era d’Oviedo) i em reballa, imperativament, que “hable castellano y si no que les cuente mis cosas a los de mi raza sin molestar a los españoles”. Los de mi raza, quasi res, i la paraula españoles en majúscules. Vaig flipar prou. Li vaig explicar el meu punt de vista sobre el seu comentari i em contesta que perdonara el error, que es pensaba que jo era català. Bonica manera d’arreglar les coses. I que te que vore? Em pregunte jo, i a ella també, però a això ja no em va respondre.

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Ara mateix la situació a Catalunya es ben delicada, però es un problema que han de batallar els catalans amb qui corresponga, la resta de la gent, sigam valencians, asturians o canaris podrem tindre cadascú les nostres opinions igual que opinem sobre si es millor la cassalla o el herbero o si ha de jugar Alcàcer o Negredo o ambdós, però eixa violencia gratuïta, eixe atac sense motiu pel simple fet de parlar una llengua que al cap i a la fi es la meua, d’on ve? On naix això?

Lamentablement em sembla que, a banda de les opinions personals, les manipulacions als mitjans de comunicació són prou greus com per a que la gent agarre conciència d’una realitat falsejada que fomenta l’odi i els separatismes, la intolerància i la falta de comprensió. No es debades que fa poc eixiren els resultats d’un estudi sobre els mitjans de comunicación més manipulats del món i Espanya anava figurava en segon lloc, només superada pels Estats Units. Ací vos deixe l’enllaç de la noticia (espere que siga fiable):

http://periodistas-es.com/medios-espanoles-los-menos-fiables-segun-la-universidad-de-oxford-55863

I per anar acabant aquest despropósit vaig a subscriure unes paraules del genial humorista, periodista i showman de Sueca Eugeni Alemany, que se’n va anar fins a Sillicon Valley fa poc a demanar que ens posen al WhatsApp l’emoticono de la paella valenciana:

Eugeni Alemany

Eugeni Alemany

“Si el 9 d’octubre Jaume I no haguera conquerit València, ara estarem pendents d’aconseguir el #kebabemoji. I, sabeu el millor? Estariem igual de acomboiats i il·lusionats! Al final, l’important no és el què som, sinó el com som.”

 

I té tota la raò del món. Primer siguem persones, que falta fa, i desprès ja vorem.