Archivo de la categoría: opinión

La dictadura de la ignorancia

@nandopilgrim

¿Que se puede escribir que no esté escrito ya? ¿Sobre el amor, el miedo, la utopía?

Nada.

Simplemente podemos dejar que las palabras alguna vez ya leídas, escuchadas o aprendidas se agolpen en nuestra mente para volver a salir de nuevo en tropel dirigidas a un público que se harta de escuchar una y otra vez los mismos argumentos para defender diferentes ideas.

Ideas. Ideales.

Valores, principios.

Excusas en que se basan las falacias de la gente que en teoría asume el poder para gobernar. Ideales al servicio de intereses privados. Falsedades asumidas con naturalidad por la gente que prefiere seguir con la venda en los ojos y comer el pienso que le ofrecen como si fuera manjar digno de la mesa de los reyes antiguos.

Con los reyes modernos no quiero compartir mesa, me dan asco.

La gente que come pero que no tiene estómago, también.

Cada vez nos creen más idiotas. Los medios de comunicación, las ruedas de prensa, los documentos oficiales. Las leyes al servicio de los poderosos. La justicia maltratada por el dinero.

¿Qué es justo? ¿Lo que es legal? Ojalá fuera tan simple.

La justicia la hace el poder. La modela a su capricho. La legalidad está amparada por intereses. La justicia ya no se hace con moral ni ética, y dudo que se haya hecho alguna vez. La justicia no existe, es una utopía como cualquier sistema que se imponga. Todos los sistemas son buenos en su base, pero la corrupción humana los hace indeseables e injustos.

Puede que te encuentres con que algo inmoral es legal. Y lo tenemos que asumir. Sin más. Porque si no lo haces vas a la cárcel o te multan. Puede que algo injusto sea legal, y no puedes hacer nada. Ahora ya ni protestar, es ilegal.

Tenemos televisiones absurdas que nos embotan el cerebro con tonterías insufribles. Y les reímos las gracias. Tenemos fútbol, oh dios, gracias por darnos el fútbol. No fuera que algún día nos diera por ponernos a pensar y nos cuestionásemos nuestra manera de vivir, de comportarnos.

Gracias al fútbol podemos discutir de algo, la vena agresiva se deshincha cuando encuentra la salida y nuestras energías se agotan. Y no hemos sacado nada en claro ni convencido a nadie. Quizá sin el fútbol esas energías las utilizaríamos en discutir sobre problemas más graves, sobre cuestiones que nos atañen un poco más como ser humanos. Pero es más divertido opinar sobre cómo patea alguien que gana cantidades indecentes de dinero al día, a la hora, al minuto, y nosotros cubiertos de sudor y con las manos llenas de grasa esperando cinco horas o más en las urgencias de un hospital creyendo que eso es así y que no podemos cambiarlo. Perdiendo coberturas sanitarias que hemos de buscar en servicios privados mientras los que en teoría vigilan por nosotros se lucran con pactos inmorales.

Toleramos injusticias sociales y desigualdades extremas mientras tengamos televisión, fútbol y medios de comunicación manipulados. Iba a decir hábilmente manipulados pero no es verdad, es una burda manipulación la que estamos sufriendo, torpe y pobre, pero que para el nivel de embrutecimiento que hacemos gala nos sirve y nos sobra. Pan y circo.

Y esto tampoco es nuevo. Todo estaba ya escrito. Farenheit 451, 1984, Rebelión en la granja por poner algunos ejemplos. Libros con muchos años que nos repiten la misma historia. Por algo será. Y mucho antes que Bradbury u Orwell lo publicaran ya lo escribieron y lo avisaron otros, con el mismo escaso éxito.

¿Y por qué no aprendemos?

Por comodidad. Por cobardía. Porque cuestionarnos las cosas supone un ejercicio al que no estamos acostumbrados ya. Porque supone darnos cuenta de que algo no va bien. De que no va bien y lo estamos aceptando. Por eso somos cobardes.

Preferimos la venda en los ojos a levantar la voz y decir “esto no es lo que quiero”.

Sabemos decirlo, sí, pero a niveles más bajos y moviéndonos siempre por egoísmo.

No quiero tener que cuidar de mis padres, no quiero sacrificar mi poco tiempo libre porque mi pareja quiera hacer otra cosa, no quiero ser yo mismo si eso conlleva perder algo de aceptación social. Ahí sí sabemos defender nuestra postura.

Dejamos que la historia se repita sin tener en cuenta que nos destruimos lentamente como seres capaces de decidir, opinar y pensar. Lo que entendemos ahora por pensar es un sucedáneo barato de lo que la palabra en sí misma implica. Pensar hoy en día se ha convertido simplemente en elegir el mal menor o el máximo beneficio. Nada más allá de esas pobres aspiraciones.

Y no nos importa nada. Y me pregunto si la lectura ahora nos serviría de ayuda, si no hay nadie que nos explique lo que estamos leyendo. En medio del desánimo me cuesta creer que haya alguien que sea capaz de leer, entender, razonar y aplicar sus propias conclusiones llevándolas a la práctica. Claro que si lo que leemos son las memorias de alguna tertuliana televisiva o la vida de un torero pues tampoco hay que pensar demasiado. Por eso será que esos libros siempre están en las listas de los más vendidos, porque la materia gris se alimenta plácidamente sin tener que mover sus engranajes.

Si los libros que contribuyen al pensamiento y la lucidez han estado ahí siempre y pocas veces se le ha hecho caso, ¿qué esperanza puedo tener de que ahora vayan a lograr su propósito?

Con un gobierno que elimina de sus enseñanzas universitarias la filosofía sólo estamos más cerca del adoctrinamiento borreguero. Eliminemos la fuente del pensamiento y así tendremos una única opinión modelada expresamente para servir a nuestros intereses, dicen frotándose las manos. Y lo están consiguiendo. Y lo estamos permitiendo. Somos cómplices de lo que vendrá, no lo olvidemos.

Y no estoy hablando del gobierno que tenemos ahora ni del que tuvimos ni del que tendremos, pues la mezquindad del ser humano es tal y tan pobre la ambición de su espíritu, tan poco noble en su mayoría una vez alcanzado el poder deseado que la historia se repitió, se repite y se repetirá a lo largo de los siglos eternamente y por desgracia.

Pero lo que más me asusta es que, como Barrabás, nosotros el pueblo seguimos eligiendo a los ladrones una y otra vez.

¿El cambio es peor? Nosotros no lo sabemos, pero los medios de comunicación al servicio de los grandes intereses parece que sí lo saben, pues no dejan de mostrar su empeño en demostrar lo fatídico que sería si nos atrevemos a dar el paso. Son maestros en el arte de infundir el miedo.

Somos un país que admira la crueldad de un torero cuando ajusticia a un animal llamándolo (ojo) valentía, pero a la cobardía de no buscar un cambio e intentar recuperar nuestros derechos arrebatados vilmente llamamos coherencia política.

“La verdad os hará libres”. Esto se dijo hace más de dos mil años. Pero… ¿Cuántas mentiras nos tragamos a favor de intereses propios? ¿Dónde se esconde la verdad, si por muchas capas que arranquemos no somos capaces de encontrarla?

“Pueblos libres, recordad esta máxima: Podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera una vez que se pierde”. Jean Jacques Rousseau, filósofo francés.

El pensamiento también nos hace libres, y prácticamente es lo único que nos queda. En todo lo demás estamos hábilmente esclavizados, encerrados en jaulas de oro. Hemos retrocedido muchos años como sociedad y dudo que recuperemos ese grado de inquietud que nos impide asumir sin interrogantes las imposiciones de un sistema cada vez más inhumano e inmoral.

Y repito: esto es a nivel global y atemporal. Esa es la triste realidad que nos envuelve. Nunca lloverá a gusto de todos, de acuerdo, pero al menos, que llueva para todos. No sólo para unos pocos.

La democracia ha perdido su significado, es ahora una palabra tan vacía como la red del pescador que se agujereó. La hemos violentado, atropellado, la hemos vendido al mejor postor.

La hemos prostituido.

Sólo nos queda (el que pueda) soportar con entereza y dignidad esta situación y luchar por lo que tiene más cerca: los suyos. Puede que suene resignado pero si lo piensas bien, ¿contra quién vas a luchar?

Cada vez la venda es más gruesa y el nudo más fuerte. Las cadenas son invisibles pero nos amarran fuertemente. Saben lo que ha…¡GOL!

Ya he perdido el hilo.

Perdón por la tristeza.

carta-jazmin-abuin2

Anuncios

Confidencias: susto o muerte

@nandopilgrim

Hace muchos muchos años, un día normal y típico en el patio de mi colegio V me confió que le gustaba una compañera que se llamaba B. Yo, divertido y emocionado por la noticia fui a contársela a Q y a J en cuanto tuve ocasión. Y claro, Q y J, que gozaban de mi entera confianza fueron con la noticia a B que a su vez se enfadó con V. Evidentemente, V sabía quién era el culpable.

Nada, hoy en día se puede considerar una chiquillada pero que para mis diez años de vida supuso “montar un buen pollo”. Y eso, a los diez años, ya me enseñó una valiosa ecuación matemática: la confianza que me tenía V era equivalente a la que yo tenía con Q y con J, pero no a la que V tenía con Q y J, por lo que yo no tenía el porqué haberles hecho partícipes del secreto de V.

Y ésa fue una gran lección. Años después yo he sufrido lo mismo algunas veces, como todos, algunas más importantes y otras banales, pero que nos obligan a tomar una determinación: o dejas de confiar en esa persona o hablas con ella claramente, con sinceridad, intentando que entienda tu postura para que no vuelva a traicionar tu confianza. Y aún así, puede que te vuelva a pasar. Entonces ya no quedan muchos caminos a seguir.

Pero si somos nosotros los confidentes…

Es realmente importante saber y ser conscientes de que cuando nos cuentan algo, normalmente de tipo personal, esa persona lo hace porque confía en nosotros. A veces buscará consejos y a veces simplemente necesita desahogarse y ser escuchada. Y lo que se espera de nosotros en nuestra condición de confidentes es saber distinguir (difícil tarea) entre si debemos aconsejar o escuchar y, sobre todo, discreción.

Discreción porque lo que nos cuentan no nos pertenece aunque nos hagan partícipes de ello y porque siguiendo la ecuación arriba mencionada la persona que nos ha confiado su secreto probablemente no tenga la misma intimidad con esa tercera a la que nosotros se lo vamos a contar.

Qué poca gente conoce el peso que tiene para la otra persona el valor de nuestro silencio. Muchas veces caemos en el error de que como nos lo han contado porque querían contarlo no supone ningún contrato de confidencialidad por ello, sin pensar que realmente nos lo han contado porque nos lo querían contar a nosotros. Y ese desliz puede salir muy caro: los tópicos a veces son ciertos como aquel de que la confianza se gana con años y se pierde en un minuto.13988617_10210097403422420_2140735171_n

También puede suceder que le inspiremos confianza a una persona concreta sin que tengamos con ésta demasiada amistad, ¿quién no ha pensado en algún momento determinado “y cómo es que éste viene ahora y me cuenta sus cosas”?. Pues porque le inspiramos confianza con nuestra manera de ser, o nuestra actitud, o nuestro carácter, por lo que sea. Y aunque el intercambio de confidencias no sea recíproco no por ello tiene menos valor, ya que para esa persona tiene el mayor valor del mundo y lo hemos de respetar igual, que ése es otro fallo bastante común, el no darle importancia a lo que nos cuenta en confianza una persona que no tenga un peso lo suficientemente importante en nuestro entorno.

¿Y qué es lo que nos hace depositar nuestra confianza en otra persona? Supongo que puede haber mil motivos: porque confiamos en ella, por afinidad, por tener lazos familiares, porque pasamos muchas horas con esa persona (p. ej. un compañero de trabajo), porque está ahí en el momento oportuno o porque pensamos que nos puede ayudar. Y el tiempo es el juez que nos dirá si nuestra elección ha sido acertada o no. Quizá nos demos cuenta enseguida o quizá pase mucho tiempo, pero nunca se equivoca.

Si hemos elegido bien pues aparte del factor suerte que siempre cuenta, quizá realmente hayamos tenido una buena intuición y sobre todo hemos encontrado un buen amigo en quien confiar. Si no, pues tenemos un problema, que quizá se pueda solucionar comentándolo o quizá no tenga remedio. De todas maneras, cuando abrimos nuestros pensamientos a otra persona nos estamos tirando de cabeza a la piscina, lo hacemos continuamente, y es importante saber a quién contamos según qué cosas, porque una vez dichas pueden llegar muy lejos sin que nos enteremos.

Y cuando alguien nos traiciona lo más fácil es echarle la culpa, aunque en mi opinión lo mejor es asumir que ya no podemos confiar en esa persona y admitir que nos equivocamos al hacerle partícipe de nuestras confesiones.13988864_10210097403382419_818924597_n

La manera más segura de que nadie se entere de nada que tú no quieras que se sepa es no contarlo a nadie (muy obvio esto), pero a veces, si la situación es buena la felicidad te impulsa a querer compartirlo con alguien y otras veces, si es una situación difícil o más bien triste llega un momento en que aguantar y tragar todo uno solo es muy complicado, y como humanos que somos necesitamos un apoyo, alguien en quien poder confiar y desahogarnos.

Así que si nos han traicionado tampoco sirve de mucho mortificarse pensado “si es que soy idiota” porque todos nos equivocamos y todos necesitamos alguna vez que haya alguien ahí para escucharnos.

Podemos tener cientos de amigos y conocidos, pero gente a la que poder contar tus cosas con total tranquilidad no habrá nunca demasiada, por eso cuanto más reducido sea el círculo de confidentes menos probabilidades tenemos de llevarnos una decepción, de cualquier modo, tampoco está de más pensar dos veces antes de empezar a hablar si es realmente necesario, el calibre de lo que queremos contar y la calidad o importancia de la persona que tenemos en ese momento enfrente.

Nada que no sepáis ya.

Normalicémonos todos un poco, por favor

@nandopilgrim

Me preocupa mucho la falta de normalización que tenemos hoy en día. Como siempre, hablo de la sociedad en general. Tendemos a darle demasiada importancia a cosas que realmente no la tienen, mientras hay injusticias o situaciones en las que nos encogemos de hombros “porque no podemos hacer nada”.

Y una de ellas es el fútbol y todo lo que lo rodea. Sí, voy a volver a hablar de fútbol, como ya he hecho dos o tres veces en este blog. Pero como siempre, no dando resultados ni crónicas ni mucho menos lo que hace éste o deja de hacer aquel, que más que prensa deportiva parece que tenemos prensa rosa en este país. Voy a hablar de fútbol porque hay situaciones que no logro entender dentro de la coherencia que se supone lleva innata en sí el ser humano.

Se supone.

Porque hay ciertas actitudes o situaciones que en vez de intentar entender o, simplemente, dejar pasar y ya está, la prensa destaca y la gente magnifica convirtiéndolo en carne de debate, disputas y discusiones. Como si no tuviéramos nada más importante que hacer que estar pendientes de lo que pasa en un deporte que, a mi entender, hay que saber disfrutar con moderación y deportividad, sin fanatismos.

Hace poco leí en una red social una opinión sobre un gesto determinado. El Valencia CF había jugado contra el Real Madrid en el Bernabéu y un jugador del equipo local, Álvaro Arbeloa, se despedía del club y del fútbol. Y un jugador ruso del Valencia cedido por el Real Madrid quiso hacerse una foto con él y la colgó en Twitter. Entonces un periodista valenciano comentó que “alguien tendría que enseñarle a Cheryshev qué es el Valencia Cf y qué es lo que significa”. arbeloa y cheryEn mi opinión, no hace ninguna falta. Ni siquiera en el caso de que Cheryshev fuese propiedad el Valencia, que no lo era. Si Arbeloa es su amigo y lo quiere felicitar, hacerse una foto con él de recuerdo y publicarlo en su cuenta, ¿qué hay de malo en ello? ¿quién es el resto del mundo para impedirlo? Ese jugador es persona antes que propiedad de nadie, y no se debe a nadie. Esa simple foto incendió las redes sociales con reacciones en contra de lo que había hecho, porque parece ser que “le faltaba el respeto a su actual club”.

No creo que nadie que quiera hacerse una foto con un amigo le falte el respeto a nadie. El resultado de ese partido, la polémica que hubo e incluso la institución deportiva están por debajo de la amistad que puedan tener esas dos personas.

Otra polémica que se ha encendido últimamente es la de la Copa del Rey y la libertad de expresión. ¿A quién se le ocurre prohibir llevar una estelada al campo? ¿Qué hay de malo en ello? No veo normal ciertas normas, aunque luego alguien se dio cuenta y recularon, y al final las permitieron. Y tengo que decir que sé que las había por las fotos de algún periódico, porque por la retrasmisión de Televisión Española no se vieron. Sólo enfocaban a la afición del Sevilla. Y sobre esa polémica habló el FC Barcelona, sobre la libertad de expresión y demás. Que queda muy bonito quejarse cuando el ofendido eres tú, (que no debería ofenderse tampoco, ya que FC Barcelona=institución deportiva y estelada=reivindicación política)  pero no cuando por ejemplo el Atlético de Madrid visitó el Camp Nou hace dos años para una eliminatoria de Champions y los Mossos d’Esquadra requisaban a los aficionados colchoneros sus bufandas y banderas españolas con el escudo del Atlético, llegando a decirle incluso a uno que se le ocurrió protestar “o te callas o te damos dos ostias y además te quedas sin ver el partido”. Libertad de expresión en su máxima expresión, valga la redundancia y permitidme la ironía.

Y a otros niveles más humildes, hace poco estuve viendo un partido de la promoción de permanencia en 2ªB entre el Olímpic de Xàtiva y un equipo guipuzcuano, el Leioa. Una pequeña parte de la afición local fue al campo con banderas españolas y durante el partido se escucharon cánticos de “que viva España” y cuando marcaron gol los visitantes, “puto vasco el que no bote”.

Y yo me pregunto: ¿esto es necesario? ¿Por qué? ¿Por qué de repente van al campo con banderas españolas y entonan esos cánticos que no han cantado el resto de la temporada? ¿lo hacen porque el equipo rival es vasco? Entonces, ¿dónde queda el deporte y empieza la falta de respeto, la mala educación? ¿Dónde queda la normalidad  de todo esto?

Se esfuma, sin más.

Y lo más triste y lamentable es que no es un caso aislado, es un problema que va en aumento, cada vez con mayores incidencias violentas, racistas, homófobas. Y lo aceptamos como algo habitual e inevitable, y no deberíamos, se puede evitar, se puede educar a la gente, a los más jóvenes, debemos de dejarnos de fanatismos deportivos que no nos conducen a ninguna parte.

Los niños… aprenden de todo, y se suelen quedar más con lo negativo, por desgracia. Esos partidos entre niños de edades muy tempranas donde los padres no dejan de gritar, de insultar, de agredir verbalmente al árbitro, a otros padres, a los propios niños que no saben ni porqué están gritando tanto.Niños-jugando-Toni Les enseñan competitividad desde pequeños, a que el rival es un enemigo en vez de un amigo, a que hay que burlarse cuando caiga en vez de ayudarle a levantarse. Estamos fomentando una cultura deportiva horrible e inhumana.

Entre el periodismo deportivo que magnifica y alimenta estos comportamientos y la gente radical que se escuda en los eventos deportivos como una manera de sacar su agresividad, están convirtiendo al fútbol en un deporte que no vale la pena seguir.

El fútbol es un deporte, no es un instrumento político, no es un arma arrojadiza, no es un modo de vida. Es un entretenimiento, nada más, no lo convirtamos en una parte esencial de nuestra vida porque nos resta facultades, nos impide darnos cuenta de otras cosas mucho más importantes a las que sí debemos prestar toda nuestra atención y nuestros cinco sentidos.

Normalicemos esto, y luego seremos capaces de ver cosas más trascendentales.

Terrorismo es todo

@nandopilgrim

#jesuis ¿de dónde? ¿De dónde la repercusión mediática es mayor? ¿O de dónde sólo las “semejanzas” socioeconómicas nos hacen sentir más próximos? Hay muchos, muchísimos lugares hoy en el mundo donde se está sufriendo la injusticia impartida por el terror, el sufrimiento de inocentes a expensas del fanatismo. No es sólo en Bélgica, como tampoco lo fue sólo en París. Pero vemos lo que nos hacen ver, nada más. Lo que nos ofrecen, lo que destacan. Lo que interesa.

Terrorismo es todo. Es matar por una idea, normalmente religiosa. Es matar por defender la libertad de un pueblo. Porque la libertad termina donde se intenta conseguir lo que se desea a base de muertos y terror.  Es negar los derechos humanos más básicos a aquellos que huyen del horror de la guerra. Es dejar que la gente muera de hambre, o a bordo de una patera. Es cerrar las fronteras. Es dejar que un grupo de ultras humille a unos mendigos en la Plaza Mayor. Terrorismo es celebrar un mundial de fútbol en una calle donde en la otra acera la gente no tiene agua corriente, ni luz, ni qué comer. Es no intervenir en la franja de Gaza porque Israel es un buen aliado. Es obviar las barbaridades que se cometen en los países árabes porque ellos tienen el petróleo. Es dejar que en el centro de África se secuestren y se violen a miles de mujeres y lo hacemos. Lo hacemos porque son guerras que no nos interesan. Elegimos a quien defender, a quien atacar, por intereses económicos. Elegimos de quien sentir lástima porque nos creemos más cercanos a ellos. Elegimos los genocidios que nos convienen, es así de duro y de cruel. Terrorismo es dejar que medio mundo se muera de hambre y de sed porque los recursos están mal repartidos, mientras ponemos el grito en el cielo por una epidemia que no llega a ser ni la décima parte de los males que sufre el tercer mundo. Terrorismo es considerarnos el primer mundo, y dejar que el resto se las apañe solo. Terrorismo es dejar que las farmacéuticas controlen el mercado, y nieguen los avances que se hacen. Terrorismo es callar que la primera potencia mundial viva del comercio de armas, y luego asombrarnos y horrorizarnos porque esas mismas armas han regresado para matar en defensa de nosequé guerra santa.12674143_10208884593582932_2006198052_n

Porque la religión es terrorismo. El fanatismo lo es. Rezamos para que no se mojen las cofradías en Semana Santa mientras en esta misma Europa hay gente está durmiendo en el barro porque no hay un solo país que haya tenido la decencia de decir “no” al cierre de las fronteras. La religión vive del miedo del ser humano, se alimenta de él. “No hagáis esto, no hagáis lo otro”. Sed infelices para volver aquí a buscar el perdón, mientras familias enteras no se hablan por tonterías. No tenemos conciencia del prójimo, más que cuando nos la imponen, y generalmente, nos dicen también quién es el prójimo y quién no. Terrorismo es que la Iglesia te pida poner una “x” en tu declaración de la renta mientras que sólo la mitad de ese dinero va a Caritas, el resto va a emisoras de radio y canales de televisión que la Iglesia controla y manipula.

Terrorismo es rescatar a los bancos y dejar que éstos echen a la calle a gente sin recursos, sin familia. Terrorismo es tener un presidente del gobierno que su trabajo está en el Registro de la Propiedad, mientras firma con la banca leyes para desahuciar a la gente. Se llama incompatibilidad por conflicto de intereses, pero el interés que más prima es el dinero, y eso es terrorismo. Terrorismo es decir que ha muerto una mujer, cuando la han matado a golpes. Recortar en sanidad, en educación, y tener el valor de negarlo, eso es terrorismo. Lo es cuando les recortan las ayudas a los dependientes, o los medicamentos a los enfermos crónicos. Terrorismo es dejar que la gente vaya a la cárcel por decir la verdad, o simplemente, por decir las cosas que el gobierno no quiere oír. Terrorismo es no dejar que un pueblo elija su futuro.

Pero es terrorismo permitido. Somos así de dóciles. Nos manipulan y nos da igual. Y todavía nos encogemos de hombros y decimos “¿y qué les falta por hacer?” Pero les damos carta blanca para que lo hagan. Son terroristas que nos dicen con qué miserable sueldo tenemos  que vivir, mientras ellos viven de la opulencia y la fastuosidad obscena que se han creado alrededor. Terrorismo es permitir que grandes empresas se beneficien de las leyes hechas para su favor y exploten a los trabajadores, o se aprovechen de las necesidades de la gente.

Terrorismo es dejar que empresas españolas compren sus productos en el extranjero, donde no les hace falta pasar ninguna inspección de calidad, mientras ahogamos a nuestros productores con normativas y burocracia. 12884371_10208889774632455_1567048132_nTerrorismo es dejar que tus hijos peguen a otro niño en el colegio, o en la calle, argumentando que eso son “cosas de críos”. Lo es también cuando hay un conflicto con el profesor, y no quieres ver que tus hijos no son perfectos y que el profesor quizá tenga razón.

Hay  muchas clases de terrorismo, lo hay cada día y a la vuelta de cada esquina. Pero si no lo empezamos a erradicar desde la base nunca se exterminará. Porque ahora, los terroristas son “los que gobiernan y mandan”. Pero el día de mañana habrá otros, y si no nos ocupamos de su educación, de enseñarles los valores del respeto, de la igualdad, de la tolerancia, de la verdad y de que una vida humana ha de ser respetada, querida y protegida contra cualquier otro tipo de interés, seguiremos estando igual de perdidos que estamos hasta ahora. Porque es ahora cuando nos estamos dando cuenta de que las sonrisas y las palmaditas en la espalda son una gran mentira, porque a la hora de la verdad esta Europa, tan sólida y tan unida, ha demostrado ser la más indigna de las falacias.

Basta ya de terrorismo, pero basta en todos los sentidos. No seamos hipócritas y sintamos un día lástima por París y otro por Bruselas, aceptemos nuestro papel en este mundo y luchemos contra todo ello desde nuestra posición. No podemos solucionar todos los problemas del mundo en un día, pero es bien seguro que nunca lo vamos a hacer si no empezamos desde nuestra propia casa. La comodidad nos hace olvidar lo correcto, y en esa comodidad se afianzan los terroristas, del tipo que sean, de todos los que he descrito aquí y todos los que se me han olvidado, para darnos una pala y obligarnos a cavar nuestra propia tumba, la tumba de la vergüenza donde la Humanidad ya lleva más de pie y medio enterrado.

 

12476537_10208884586222748_87100021_n

12884464_10208884586022743_1744044307_n

Si no la quieres me la das…

@nandopilgrim

 

La Navidad es una época de difícil definición: algunos la aman, otros la odian, a nadie deja indiferente. Y todas las opiniones, por supuesto, son respetables.

En mi caso, me gusta. Es una época que hace sentir bien. ¿Por qué? No lo sé, tengo muchas ideas en la cabeza y voy a tratar de ordenarlas.

Hay mucha gente que detesta la fiesta navideña porque la consideran una fiesta hipócrita: las familias se reúnen, algunas casi por obligación, nos sentimos condicionados a ir de compras, regalos, juguetes, la cena de Nochebuena, la comida de Navidad, los Reyes y demás. Que si la gente es más amable ahora pero el resto del año son inaguantables, que si ahora la gente es solidaria pero después ya no les importa nada, que si ahora todo son mensajes de paz y amor y en enero todo se va al carajo… en fin, no les falta razón.  z4

Pero también conlleva muchas cosas buenas. Tengo una amiga que su familia está distribuida por toda la geografía española: Burgos, Madrid, Valladolid, Santander, Las Palmas, y se reúnen en contadas ocasiones al año. Una o dos, quizá: en Navidad siempre. Porque tienen vacaciones, días libres y lo aprovechan para reunirse con todos los demás miembros de su familia que durante el resto del año es algo francamente difícil de conseguir. Sobrinos, padres, tíos, hermanos, abuelos, nietos… Tengo otro amigo en Alemania, viene dos veces al año: en verano y en Navidad. Pues es un motivo de alegría poder verle y hablar con él, compartir unas cervezas o un café. Hay que valorar esos momentos, son momentos que no puedes disfrutar cuando quieres. Con la familia, con los amigos, momentos extra en nuestro día a día.

La solidaridad aumenta en esta época del año y luego disminuye, eso es cierto. Pero al menos, durante estos días, aumenta. Yo lo puedo comprobar en mi trabajo. Hay empresas que se implican e implican a los clientes con mensajes de solidaridad, y da resultado. Al menos, la gente sin recursos y menos afortunados que nosotros reciben en estos días una mayor cantidad de alimentos, de ropa, de mantas, juguetes, lo que sea. Es cierto que la gente podría ser más solidaria durante el resto del año, pero eso es un ejercicio de voluntad en el que pocos son constantes, y al menos, estos días, sacan esa parte y se consigue una gran ayuda. Algo es algo, pienso yo, es una parte positiva que no podemos obviar.

Al fin y al cabo, no deja de ser una actitud cómo afrontamos estas fechas. Depende de nosotros, no de la sociedad que nos quiere imponer el consumo frenético de banalidades innecesarias. De nuestra manera de ver las cosas y dejar qué nos afecta o qué no, como todo. De si decidimos sentirnos molestos porque hay cosas que deberían ser así durante todo el año y porque hay otras que no deberían ni de existir, o si decidimos por el contrario aprovechar la oportunidad de encontrarnos de nuevo con esas personas que tenemos lejos normalmente o incluso que teniéndolas cerca, no podemos verlas más a menudo por falta de tiempo, y de alegrarnos por esa otra gente que estos días van a ser un poco menos pobres.

Es natural también que a la hora de sentarse a la mesa se eche de menos a aquellos que ya no están y antes acostumbraban a compartir este día con nosotros, pero la vida sigue, valoremos los que están en este momento con nosotros y disfrutemos de ellos, lo otro es inevitable y no podemos dejarnos caer en la melancolía del recuerdo.

Y todo eso está más allá de las creencias personales de cada uno. Yo no monto el Belén, no canto villancicos, no voy a la misa del gallo, no pongo el árbol de Navidad ni decoro mi casa. Pero no puedo evitar que cada vez que llega esta época del año algo sonríe dentro de mí y sienta una extraña y agradable calidez. Y no me avergüenzo de decirlo, me gusta la Navidad.

z3

Y la ilusión: quien tiene niños en casa, piense lo que piense dentro de sí mismo no puede evitar contagiarse de la ilusión de los niños cuando llega la Navidad. ¿Y qué hay de malo en ello? Todos en el fondo somos un poco niños (ay del que no lo sea) y ver esas sonrisas, esa ilusión y poder disfrutar de ellos en estos días en que tienen vacaciones es algo impagable. Ya crecerán y entonces decidirán en qué creer o qué hacer, cómo ser. Pero ahora es su momento y no se les puede robar. Luego, los valores y los principios que les inculquemos son los que harán de ellos las personas que serán el día de mañana, eso es lo que nos debe preocupar.

Y sí, hay otras culturas en que no se celebra la Navidad, y hay gente que piensa que es innecesaria e incluso perjudicial. Pero no deja de ser como todo, los extremos son malos, si sabemos moderar todo aquello que sólo por ser Navidad nos puede llevar al exceso, no veo ningún mal en celebrarla.

Así que voy a disfrutar, aunque sea por unos días, de la gente, de sus sonrisas, del turrón, de los polvorones, de las castañas asadas, de los cafés con mis amigos, de reunirme con mi familia, de Qué bello es vivir, de las luces de la calle e incluso de los villancicos que escucharé cuando entre en una tienda.

 

“porque no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”

 

 

Feliz Navidad

z1

Rafa, vete ya

@nandopilgrim

 

Vete, por favor te lo pido. No te lo pido por ti, ni porque tu equipo necesite otra dinámica, no te lo pido por tu presidente. Te lo pido por mí y por toda la gente que te quiere.

Porque donde estás no te quieren, Rafa, no te quieren. No te valoran, ni te respetan. Se burlan de ti.

Hay muchísima gente que te quiere: en Valencia, en Liverpool, en Nápoles.

Cómo olvidaremos los valencianistas cuando llegaste siendo casi un desconocido desde el Tenerife, que ese año le subiste a Primera División, y nos hiciste ganar dos ligas y una Copa de UEFA con un equipo de gente humilde, pero que creía en ti y hacían las cosas bien, nhernande200406171946441valencia-cf1sin grandes fichajes, ni estrellas, pero trabajadores que ilusionaban a la afición, así como tampoco olvidará la gente de Liverpool aquella mítica Copa de Europa que consiguieron ganar después de ir perdiendo 3-0 al descanso contra el Milán, con una remontada en la segunda parte que quedará para siempre en la memoria de los aficionados al fútbol, además, remontándole tres goles a un equipo italiano. Y lo consiguieron gracias a tu psicología, a tu manera de ser, a entrar en el vestuario con los jugadores abatidos mientras arriba, en las gradas, la hinchada inglesa no dejaba de cantar You’ll never walk alone y entonces les dijiste a los tuyos: “salid a ganar, no por vosotros ni por mí, sino por toda esa gente que sigue cantando por vosotros.”

Liverpool's Riise and Gerrard celebrate their first goal during Champions League finals

Y saliste del vestuario para que asimilaran tus palabras durante el resto del tiempo de descanso. Y creyeron, y remontaron, y ganaron.

Pero ya no puedes hacer eso. No en este equipo en el que estás ahora. Estás en medio de dos situaciones que no te favorecen: por un lado, ese equipo se ha convertido en un simple mercado para vender nombres y camisetas, por otro lado el vestuario, fruto de ese mercado, es un avispero de egos insoportablesante-duda-benitez-urde-plan-parar-leo-messi

No hay un proyecto, ni lo habrá. No te van a hacer caso. Habrá lo de todos los veranos, ver cuál es el mejor de cada pueblo y ficharle, valga lo que valga. Para eso son el club más rico (o de los más ricos) del mundo. Para sacar la billetera y llevarse a quien quieran. Porque el dinero es lo único que importa en esa institución desde hace muchos años. No hay un proyecto deportivo, hay una estrategia de marketing la cual te arrastra al barro de la sumisión, desde fuera se te ve como una marioneta ¿acaso tú no lo ves?

Sal de ahí, Rafa. Vete. No te merecen. Hoy he leído que los jugadores se mofan de ti, te han puesto un apodo: “el 10”. Como no conseguiste ningún logro como jugador, creen que no tienes nada que enseñarles como entrenador. Pobres necios, tú todo lo has conseguido como entrenador, ya no eres jugador. Pero no pueden ver eso, su ego les ciega, no están capacitados para darse cuenta de la valía, de la calidad humana que tienen delante. De los conocimientos que les puedes aportar. Y son niños mimados, tus jefes pasarán por encima de ti para satisfacer los caprichos de quienes, en teoría, deberían estar sujetos a tu disciplina.

¿Qué haces ahí?

Uno de los momentos más amargos de mis experiencias como aficionado al fútbol fue el día que anunciaron tu fichaje. Y tú llorabas, emocionado, porque el club de tu vida contaba contigo.

Pero yo supe que eso no era bueno para ti, te iban a hacer sufrir. Y me dolió.

Cuando te fuiste del Valencia te vi en una entrevista en el programa Minut a minut  de Canal 9 (qué tiempos aquellos) y te ibas desilusionado. Te ibas con la frustración de que la directiva no te respaldaba en tus decisiones y pusiste un símil buenísimo, que me encantó: dijiste que te sentías como la novia a la que el novio nunca le hace caso, y cuando la novia quiere dejar la relación el novio le trae flores todos los días, pero ya es tarde.

Ahora no puedes verlo (nunca se ven estas cosas cuando estás dentro de una relación) pero hay otro símil para ti: estás enamorado de una mujer que no te quiere, que te utiliza, que te maneja como una marioneta y no te valora. Pero tú no lo puedes ver, estás a su lado, que es donde querías estar, y aguantas lo que venga.

No te lo mereces, Rafa, de verdad. Tú eres mucho más persona y mucho más digno que todo eso que te están haciendo. Van a utilizarte como cabeza de turco en cuanto se presente la ocasión. Deja de pensar en lo que sientes y piensa más en lo que te mereces, y sal de ahí. Vete a otro lugar (con otra que te quiera de verdad) y sé feliz, empieza de nuevo.

Y vuelve a sonreír.

sonrisa de benitez

 

¡Apaga la tele!

@nandopilgrim

El título de este artículo es una orden imperativa bastante clara, y para el clima de tolerancia y respeto que me gusta promover y que intento practicar en cualquier situación quizá sea un poco excesivo, siendo mejor un “¿podrías apagar la tele, por favor?” pero ante la enorme cantidad de basura que la caja tonta vuelca en nuestras vidas cada día llega un momento en que hay que imponer un estado de Tolerancia Cero.

Y por muchas razones, voy a ver si las consigo resumir de una manera más o menos eficiente porque nada es blanco o negro, nunca.

La principal razón para ello es la pérdida de tiempo. 250409-apagar-tvRecurriendo al recurrido “para gustos, colores” está claro que a cada uno le gustan o le interesan un cierto tipo de programas, pero si nos paramos a pensar fríamente y siendo sinceros con nosotros mismos ¿cuántos tipos de programas nos aportan algo positivo en nuestro día a día? Muy muy pocos, y los que lo hacen los rechazamos porque “aburren”. El aumento de la telebasura en los últimos años es realmente estremecedor, del mismo modo que lo es el aumento de fieles consumidores de esta programación.

Desgraciadamente, las cadenas se han dado cuenta de lo que alimenta el poco tiempo libre que tenemos por norma general al día es el morbo, la risa fácil (por muy mal gusto que tenga) y la violencia. Por ello cada día la parrilla televisiva aumenta su oferta dedicada a este tipo de programas. Como Gran Hermano, Mujeres y Hombres, Sálvame, La Voz, De buena ley (que ironía), Mira quién baila, Masterchef y otros por el estilo. ¿Qué Masterchef está bien? Estaría bien si no estuviera manipulado, como se ha demostrado y como todos los realitys. apaga-la-tele-2Después están los apartados como El Peliculón o El Taquillazo, que si no muere una media de diez personas por película o aparecen tres o cuatro desnudos el film no vale la pena.

Programas culturales hay pocos y casi todos los aglutina La 2, como Página 2 o This is Opera, algunos documentales y poco más.

Los debates políticos aburren y son repetitivos, ya que hay quien defiende lo indefendible y otros se dedican a hacer propaganda del partido correspondiente. Queda el deporte y el poco cine independiente que se programa. Ah, y los concursos, que los hay de todo tipo.

Pero realmente, y es mi opinión, la televisión es una gran pérdida de tiempo.

Otro motivo es que nos atonta. Lo pienso seriamente. Nos quedamos quietos ante la pantalla sin pensar en nada, sin reflexionar, sin ni siquiera tener conversación. Y la mayoría de las cosas que vemos en ella no nos instruye, es más nos destruye  el intelecto, porque, curiosamente, parece que todo lo que dice la tele va a misa y nos lo creemos a pies juntillas. Ni nos lo cuestionamos. Y eso es muy peligroso. Los partidos políticos y las empresas publicitarias lo saben, por eso invierten tanto dinero en televisión y manipulan los informativos: porque nos lo creemos todo. Por eso tantos minutos de publicidad en las películas, especialmente si son morbosas o violentas, porque saben que más gente las estará viendo.

Hay casos de actores que hacen de malos en alguna telenovela y les han llegado a insultar por la calle o a decirles “¿pero cómo puedes dormir por las noches?”. Si hay gente que no separa la realidad de la ficción en una telenovela, podemos deducir que difícilmente se cuestionarán la veracidad de una noticia o una publicidad. Y son más de lo que nos pensamos.

La conversación que podamos tener sobre cualquier cosa en casa a la hora de comer o de cenar, que suelen ser los pocos momentos en que se reúna una familia, se ve relegada a un segundo plano por el televisor. En qué pocos hogares he visto yo a esas horas el televisor apagado.2011-01-09_IMG_2011-01-02_01.25.25__D0301.jpg ¿Y en los vuestros? ¿Y la costumbre de tener todo el día la tele encendida aunque no haya nadie mirándola? Y no me vale el argumento de que le hace compañía a la gente mayor, porque ese es un caso específico totalmente disculpable y si hablamos de la poca/escasa compañía que tiene la gente mayor más de uno/una no se va a poder disculpar a sí mismo.

Tampoco veo lógico aquello de tener un televisor en cada habitación. Lleva a lo mismo, a separar a los miembros de una familia de tal modo que prefieren ver cada uno su programa favorito antes que estar juntos. Como ya he dicho antes, nada es blanco o negro, pero no me negaréis que tiene narices la cosa.

Otro motivo importante es el ejemplo: los niños hacen todo lo que ven. Si lo que observan es que nadie habla (o le hacen callar, que es peor) por escuchar qué dice el televisor o que lo único que hacemos antes de irnos a la cama es ver cualquier cosa en tv hasta que se nos cierran los ojos van a adquirir esos hábitos para ellos mismo inconscientemente. Eso también es muy peligroso. Entre semana quizá se vayan pronto  a la cama, pero  el  fin de semana no, y los niños son esponjas de comportamientos, palabras y costumbres. 261387_181347448591677_161465307246558_519303_2055249_nEn cambio, si después de cenar, se haya tenido o no una buena conversación (no todas las cenas van a ser el guión de Redes) cogemos un libro y aprovechamos así nuestro tiempo libre vamos a ganar dos cosas: en nuestra salud y en el desarrollo del niño, puesto que va a imitar esa conducta siempre que pueda.

También creo que  son nocivos los canales infantiles “24 horas”. Cada uno tendrá su situación en casa, pero nos viene de maravilla para tener a los niños ocupados y que no molesten. Aparte de no desarrollar una afectividad eficiente con su entorno puede que disminuya su capacidad creativa, ya que al estar ocupados sin nada más que hacer que mirar la pantalla no desarrollan otras capacidades.

Pienso y defiendo que la televisión embrutece nuestro pensamiento y frena nuestro desarrollo personal, empobrece nuestra comunicación familiar y disminuye el sentido propio de los valores, ya que empezamos viendo cualquier cosa que nos parece una aberración y una barbaridad y terminamos por normalizarlo sin escandalizarnos ya apenas.

Todo en su justa medida es bueno, pero hemos sistematizado la costumbre de darle preferencia al televisor antes que a otras cosas mucho más importantes en nuestras vidas día a día. Tampoco hay que inmolarse si eres fan de las películas de Vin Diesel o seguidor de El Hormiguero o si estás esperando a que llegue cierto día de la semana para ver tu serie favorita, pero podemos cambiar muchas cosas con un poquito de costumbre y de fuerza de voluntad.

No espero que estéis todos lo que leáis esto de acuerdo conmigo, pero es mi opinión y si os hace pensar un poquito, pues mejor.