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Normalicémonos todos un poco, por favor

@nandopilgrim

Me preocupa mucho la falta de normalización que tenemos hoy en día. Como siempre, hablo de la sociedad en general. Tendemos a darle demasiada importancia a cosas que realmente no la tienen, mientras hay injusticias o situaciones en las que nos encogemos de hombros “porque no podemos hacer nada”.

Y una de ellas es el fútbol y todo lo que lo rodea. Sí, voy a volver a hablar de fútbol, como ya he hecho dos o tres veces en este blog. Pero como siempre, no dando resultados ni crónicas ni mucho menos lo que hace éste o deja de hacer aquel, que más que prensa deportiva parece que tenemos prensa rosa en este país. Voy a hablar de fútbol porque hay situaciones que no logro entender dentro de la coherencia que se supone lleva innata en sí el ser humano.

Se supone.

Porque hay ciertas actitudes o situaciones que en vez de intentar entender o, simplemente, dejar pasar y ya está, la prensa destaca y la gente magnifica convirtiéndolo en carne de debate, disputas y discusiones. Como si no tuviéramos nada más importante que hacer que estar pendientes de lo que pasa en un deporte que, a mi entender, hay que saber disfrutar con moderación y deportividad, sin fanatismos.

Hace poco leí en una red social una opinión sobre un gesto determinado. El Valencia CF había jugado contra el Real Madrid en el Bernabéu y un jugador del equipo local, Álvaro Arbeloa, se despedía del club y del fútbol. Y un jugador ruso del Valencia cedido por el Real Madrid quiso hacerse una foto con él y la colgó en Twitter. Entonces un periodista valenciano comentó que “alguien tendría que enseñarle a Cheryshev qué es el Valencia Cf y qué es lo que significa”. arbeloa y cheryEn mi opinión, no hace ninguna falta. Ni siquiera en el caso de que Cheryshev fuese propiedad el Valencia, que no lo era. Si Arbeloa es su amigo y lo quiere felicitar, hacerse una foto con él de recuerdo y publicarlo en su cuenta, ¿qué hay de malo en ello? ¿quién es el resto del mundo para impedirlo? Ese jugador es persona antes que propiedad de nadie, y no se debe a nadie. Esa simple foto incendió las redes sociales con reacciones en contra de lo que había hecho, porque parece ser que “le faltaba el respeto a su actual club”.

No creo que nadie que quiera hacerse una foto con un amigo le falte el respeto a nadie. El resultado de ese partido, la polémica que hubo e incluso la institución deportiva están por debajo de la amistad que puedan tener esas dos personas.

Otra polémica que se ha encendido últimamente es la de la Copa del Rey y la libertad de expresión. ¿A quién se le ocurre prohibir llevar una estelada al campo? ¿Qué hay de malo en ello? No veo normal ciertas normas, aunque luego alguien se dio cuenta y recularon, y al final las permitieron. Y tengo que decir que sé que las había por las fotos de algún periódico, porque por la retrasmisión de Televisión Española no se vieron. Sólo enfocaban a la afición del Sevilla. Y sobre esa polémica habló el FC Barcelona, sobre la libertad de expresión y demás. Que queda muy bonito quejarse cuando el ofendido eres tú, (que no debería ofenderse tampoco, ya que FC Barcelona=institución deportiva y estelada=reivindicación política)  pero no cuando por ejemplo el Atlético de Madrid visitó el Camp Nou hace dos años para una eliminatoria de Champions y los Mossos d’Esquadra requisaban a los aficionados colchoneros sus bufandas y banderas españolas con el escudo del Atlético, llegando a decirle incluso a uno que se le ocurrió protestar “o te callas o te damos dos ostias y además te quedas sin ver el partido”. Libertad de expresión en su máxima expresión, valga la redundancia y permitidme la ironía.

Y a otros niveles más humildes, hace poco estuve viendo un partido de la promoción de permanencia en 2ªB entre el Olímpic de Xàtiva y un equipo guipuzcuano, el Leioa. Una pequeña parte de la afición local fue al campo con banderas españolas y durante el partido se escucharon cánticos de “que viva España” y cuando marcaron gol los visitantes, “puto vasco el que no bote”.

Y yo me pregunto: ¿esto es necesario? ¿Por qué? ¿Por qué de repente van al campo con banderas españolas y entonan esos cánticos que no han cantado el resto de la temporada? ¿lo hacen porque el equipo rival es vasco? Entonces, ¿dónde queda el deporte y empieza la falta de respeto, la mala educación? ¿Dónde queda la normalidad  de todo esto?

Se esfuma, sin más.

Y lo más triste y lamentable es que no es un caso aislado, es un problema que va en aumento, cada vez con mayores incidencias violentas, racistas, homófobas. Y lo aceptamos como algo habitual e inevitable, y no deberíamos, se puede evitar, se puede educar a la gente, a los más jóvenes, debemos de dejarnos de fanatismos deportivos que no nos conducen a ninguna parte.

Los niños… aprenden de todo, y se suelen quedar más con lo negativo, por desgracia. Esos partidos entre niños de edades muy tempranas donde los padres no dejan de gritar, de insultar, de agredir verbalmente al árbitro, a otros padres, a los propios niños que no saben ni porqué están gritando tanto.Niños-jugando-Toni Les enseñan competitividad desde pequeños, a que el rival es un enemigo en vez de un amigo, a que hay que burlarse cuando caiga en vez de ayudarle a levantarse. Estamos fomentando una cultura deportiva horrible e inhumana.

Entre el periodismo deportivo que magnifica y alimenta estos comportamientos y la gente radical que se escuda en los eventos deportivos como una manera de sacar su agresividad, están convirtiendo al fútbol en un deporte que no vale la pena seguir.

El fútbol es un deporte, no es un instrumento político, no es un arma arrojadiza, no es un modo de vida. Es un entretenimiento, nada más, no lo convirtamos en una parte esencial de nuestra vida porque nos resta facultades, nos impide darnos cuenta de otras cosas mucho más importantes a las que sí debemos prestar toda nuestra atención y nuestros cinco sentidos.

Normalicemos esto, y luego seremos capaces de ver cosas más trascendentales.

Te lo debían

@nandopilgrim

Siempre quise publicar en este blog un artículo sobre ti. Este blog tan mío y tan personal, donde no podía faltar un rinconcito para el gran Marco Pantani. Nunca lo había hecho, quizá no era el momento. Ahora ha llegado.

No sé ni cómo empezar a escribir esto. Me he arrancado una espina del corazón. Siempre creí en ti, siempre supe que no eras un tramposo. Ahora, después de diecisiete años te han dado la razón, después de diecisiete años de la injusticia y doce después de tu muerte.

No fuiste un tramposo, ni te dopaste, ni engañaste a nadie. Eras, sencillamente, el mejor. Encima de la bicicleta y sin ella también. Se te notaba en la cara, en los gestos, en la mirada. Por eso te ganaste el corazón de tantos aficionados al ciclismo, dentro y fuera de tu Italia, esa Italia que todavía hoy te echa de menos.12674492_10208811108825859_1976818763_n

Ha salido publicado en un periódico deportivo italiano las conclusiones de la Fiscalía de Forli, que es la que investiga todo aquello que pasó en Madonna di Campiglio, donde fuiste descalificado del Giro cuando ibas líder a más de cinco minutos del segundo clasificado. Y esas conclusiones no son otras que fue la mafia quien “convenció” a un médico para alterar los valores de oxígeno en tu sangre y descalificarte por niveles de hematocrito no permitidos.

La mafia, por unas apuestas. Delincuentes, por dinero.

Por dinero hicieron que un médico mintiese, te condujeron a un callejón sin salida donde arruinaron tu carrera y te arrebataron tu dignidad, y de donde ya no supiste salir embarrado en una espiral de autodestrucción que te llevó a la muerte.

En una rueda de prensa te oí decir una de las frases que más me han gustado siempre: la paciencia es la virtud de los fuertes. 

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Pantani en una “sentada” que realizaron los ciclistas en el Tour del 99 exigiendo más respeto de los medios por su trabajo.

Fuiste el resurgir de la figura del escalador de montaña, ganaste un Giro y un Tour en el mismo año, cosa que nadie después ha logrado. Hasta ese momento el último escalador en llevarse un Tour había sido Pedro Delgado, y el último en conseguir Giro y Tour en el mismo año, Miguel Induráin.  Podría escribir miles de datos sobre tu carrera, tus lesiones, la caída el día en que se te cruzó un gato, las veces que intentaste rehacerte después de la injusticia. Pero no me vale la pena. Para mí siempre fuiste una sonrisa, un luchador, un ejemplo. Ese ciclista bajito, calvo y simpático que reventaba a sus rivales cuando de subir un puerto se trataba.

Voy a transcribir un pedazo del artículo de El País sobre la etapa del día antes de Madonna di Campiglio, una etapa que fue una auténtica exhibición y que todos los aficionados al ciclismo guardamos en nuestra memoria:

Fueron 23 minutos y 23 segundos. Desde el menos 10 hasta el kilómetro 0. La subida a Oropa de Marco Pantani. Ya el tren del Mercatone llevaba enfilado a todo el pelotón. Ya José María Jiménez había hecho crack de nuevo. Ya la mayoría de rivales intentaba acomodarse, controlar las ruedas de referencia, calibrar las fuerzas de los otros, anticipar quién iba a sufrir más de la cuenta. Sólo habían recorrido 1,5 kilómetros de los 10 de la subida a Oropa. Habían pasado tres minutos cuando una mancha rosa se apartaba súbitamente de la izquierda de la carretera, el último hombre de la cadena Mercatone, y se paraba junto a la cuneta derecha. Era Marco Pantani. El hombre cogió la bicicleta en vuelo, la apoyó sobre la rueda delantera y se puso a manipular en la zona del plato. Se le había salido la cadena al intentar pasarla del plato de 39 dientes al de 53 pues habían entrado en una zona de falso llano, casi un descenso. Extrañamente, nadie se para a ayudarle. No hay a la vista ningún compañero de equipo. “¡Qué error!, ¡qué gran error!”, clama Martinelli. “Marco no abrió la boca, no gritó, no pidió ayuda. Nadie del equipo le vio. Todos siguieron como si nada hasta que 200, 300 metros después, le echaron de menos”. Pantani parece desesperado cuando se junta a sus compañeros y comienza la gran remontada. Peligro. Una situación similar sufrió Jan Ullrich en el Tour (un pinchazo en las primeras rampas del Plateau de Beille en el último Tour). Tal fue el nerviosismo del alemán, tal su miedo de quedarse descolgado que derrochó todas sus fuerzas en una remontada y no pudo responder después. Claro que a quien tenía que responder entonces era a un tal Marco Pantani desatado. Y el desencadenado Marco Pantani de ayer sólo tenía que responderse a sí mismo. Es su único enemigo. Pero pasó miedo. Su equipo, tan fuerte y tan solidario, se volvió loco. Tiró del Pirata. Y el Pirata, piernas bloqueadas por el nerviosismo, transpiración exagerada, les veía irse, les voceaba que más tranquilos, pero ellos, liebres, aceleraban más. Esprintaron hasta extenuarse. Fueron pasando grupos. Adelantaron volando al Chava. Por delante nadie se atreve a moverse. Un ataque de Zintchenko, corto, y otro de Heras, con más sustancia. ¿A qué esperan los escaladores, los que quieren ganar el Giro? ¿A qué esperan Gotti o Clavero? Nadie se mueve. Sólo Jalabert. El puerto no le asusta. Es un puerto de escalones: repechos y descansillos. Un sprint largo, de potencia, y a tomar aire. El francés se va. Los menudos escaladores, Gotti, Clavero, sufren porque no dan con un ritmo eficaz. No les gusta ir a tirones. A Pantani, sí. Exagerado. Cuanto más empinado es el puerto, allá por las cuevas de Favaro (14%) mejor sube el Pirata. Pantani se desbloquea. Acelera y pasa corredores. Echando salivazos. Alcanza un grupo de mulos, toma aire y ataca. A por el siguiente. Así, en el minuto 15 coge a Gotti, Clavero, Miceli y Simoni. Sólo queda Jalabert por delante. Le coge un minuto después. 30 segundos de oxígeno y de nuevo para arriba. Ha subido sprintando siete kilómetros de puerto. Y sigue acelerando. Una obsesión entre ceja y ceja: necesita cumplir con su objetivo, eliminar a Jalabert antes de la contrarreloj llana del miércoles. Acelera y acelera. Cruza la meta sin siquiera levantar los brazos. ¿Qué pasa, quería arañar hasta las décimas? “No”, una sonrisa del Pirata. “No sabía si había entrado alguien delante y no quería hacer el ridículo levantando los brazos”.

Carlos Arribas para El País, escrito en Oropa el 31 de mayo de 1999.

 

Laurent Jalabert admitió ese día que vio a Pantani pasarle “como un tiro y me aparté para que no me arrollara”. Aquí dejo también el enlace del artículo entero:

http://elpais.com/diario/1999/05/31/deportes/928101631_850215.html

Para los más nostálgicos, os dejo esos maravillosos 25 minutos en este enlace:

https://youtu.be/EcLuul_DdM0

El enlace de más abajo es el artículo en que se cuenta cómo se ha demostrado tu inocencia.

http://www.elmundo.es/deportes/2016/03/14/56e6f69f46163fff118b45ba.html

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Nos privaron de uno de los mejores ciclistas de la historia, uno de los más espectaculares y abnegados, de una persona maravillosa, alegre y generosa, de un deportista único, que nos hizo amar el ciclismo a millones de aficionados a este deporte. Por dinero, por una maldita apuesta, sin escrúpulo alguno.

Así que me despido de ti, amigo. Tenía una cuenta pendiente, el deseo que se supiera la verdad, sed de justicia, que ya no llegará. Una espina clavada en el corazón desde el día en que te maltrataron y te deshumanizaron para convertirte en negras ganancias. Se ha conocido la verdad, pero a  Paolo y a Tonina ya nadie les va a devolver a su hijo, su eterna sonrisa.

Descansa en paz, Marco.

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Rafa, vete ya

@nandopilgrim

 

Vete, por favor te lo pido. No te lo pido por ti, ni porque tu equipo necesite otra dinámica, no te lo pido por tu presidente. Te lo pido por mí y por toda la gente que te quiere.

Porque donde estás no te quieren, Rafa, no te quieren. No te valoran, ni te respetan. Se burlan de ti.

Hay muchísima gente que te quiere: en Valencia, en Liverpool, en Nápoles.

Cómo olvidaremos los valencianistas cuando llegaste siendo casi un desconocido desde el Tenerife, que ese año le subiste a Primera División, y nos hiciste ganar dos ligas y una Copa de UEFA con un equipo de gente humilde, pero que creía en ti y hacían las cosas bien, nhernande200406171946441valencia-cf1sin grandes fichajes, ni estrellas, pero trabajadores que ilusionaban a la afición, así como tampoco olvidará la gente de Liverpool aquella mítica Copa de Europa que consiguieron ganar después de ir perdiendo 3-0 al descanso contra el Milán, con una remontada en la segunda parte que quedará para siempre en la memoria de los aficionados al fútbol, además, remontándole tres goles a un equipo italiano. Y lo consiguieron gracias a tu psicología, a tu manera de ser, a entrar en el vestuario con los jugadores abatidos mientras arriba, en las gradas, la hinchada inglesa no dejaba de cantar You’ll never walk alone y entonces les dijiste a los tuyos: “salid a ganar, no por vosotros ni por mí, sino por toda esa gente que sigue cantando por vosotros.”

Liverpool's Riise and Gerrard celebrate their first goal during Champions League finals

Y saliste del vestuario para que asimilaran tus palabras durante el resto del tiempo de descanso. Y creyeron, y remontaron, y ganaron.

Pero ya no puedes hacer eso. No en este equipo en el que estás ahora. Estás en medio de dos situaciones que no te favorecen: por un lado, ese equipo se ha convertido en un simple mercado para vender nombres y camisetas, por otro lado el vestuario, fruto de ese mercado, es un avispero de egos insoportablesante-duda-benitez-urde-plan-parar-leo-messi

No hay un proyecto, ni lo habrá. No te van a hacer caso. Habrá lo de todos los veranos, ver cuál es el mejor de cada pueblo y ficharle, valga lo que valga. Para eso son el club más rico (o de los más ricos) del mundo. Para sacar la billetera y llevarse a quien quieran. Porque el dinero es lo único que importa en esa institución desde hace muchos años. No hay un proyecto deportivo, hay una estrategia de marketing la cual te arrastra al barro de la sumisión, desde fuera se te ve como una marioneta ¿acaso tú no lo ves?

Sal de ahí, Rafa. Vete. No te merecen. Hoy he leído que los jugadores se mofan de ti, te han puesto un apodo: “el 10”. Como no conseguiste ningún logro como jugador, creen que no tienes nada que enseñarles como entrenador. Pobres necios, tú todo lo has conseguido como entrenador, ya no eres jugador. Pero no pueden ver eso, su ego les ciega, no están capacitados para darse cuenta de la valía, de la calidad humana que tienen delante. De los conocimientos que les puedes aportar. Y son niños mimados, tus jefes pasarán por encima de ti para satisfacer los caprichos de quienes, en teoría, deberían estar sujetos a tu disciplina.

¿Qué haces ahí?

Uno de los momentos más amargos de mis experiencias como aficionado al fútbol fue el día que anunciaron tu fichaje. Y tú llorabas, emocionado, porque el club de tu vida contaba contigo.

Pero yo supe que eso no era bueno para ti, te iban a hacer sufrir. Y me dolió.

Cuando te fuiste del Valencia te vi en una entrevista en el programa Minut a minut  de Canal 9 (qué tiempos aquellos) y te ibas desilusionado. Te ibas con la frustración de que la directiva no te respaldaba en tus decisiones y pusiste un símil buenísimo, que me encantó: dijiste que te sentías como la novia a la que el novio nunca le hace caso, y cuando la novia quiere dejar la relación el novio le trae flores todos los días, pero ya es tarde.

Ahora no puedes verlo (nunca se ven estas cosas cuando estás dentro de una relación) pero hay otro símil para ti: estás enamorado de una mujer que no te quiere, que te utiliza, que te maneja como una marioneta y no te valora. Pero tú no lo puedes ver, estás a su lado, que es donde querías estar, y aguantas lo que venga.

No te lo mereces, Rafa, de verdad. Tú eres mucho más persona y mucho más digno que todo eso que te están haciendo. Van a utilizarte como cabeza de turco en cuanto se presente la ocasión. Deja de pensar en lo que sientes y piensa más en lo que te mereces, y sal de ahí. Vete a otro lugar (con otra que te quiera de verdad) y sé feliz, empieza de nuevo.

Y vuelve a sonreír.

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Pitar en catalán es de mala educación

@nandopilgrim

Ha conmocionado a todo un país (este nuestro, tan dispar y tan ajeno) que en un partido de fútbol se pite al himno nacional, faltándole el respeto. Creo, sinceramente, que hay muchas otras cosas muchísimo más importantes en las que poder centrarse, pero me apetece hablar de ello. Y de todas las cosas referentes a este hecho que personalmente, me toca un poco las narices. Por la actitud de unos y la incomprensión de otros.

No quiero ponerme a la altura de ciertas publicaciones que hay por ahí que dicen que “con esas actitudes se pone en entredicho la unidad de España” tal y tal, tan sólo quiero dar una opinión meramente personal.

Así que allá voy.

El logo de la Copa

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El logo de marras

F.C Barcelona y Athletic de Bilbao reniegan en primer lugar de lucir en sus camisetas el logo de la Copa del Rey con los colores rojo y amarillo, que son también los colores de la Federación Española de fútbol, organismo del que depende la competición. No sé qué pensar, ¿no parece más una provocación que una reivindicación? Para resumirlo, me parece una tontería. Al final jugaron con el logo original.

La pitada 

Cada vez que llegan estos dos equipos a la final pasa lo mismo. Del himno y del Rey ya hablaré más abajo, pero si han aceptado jugar la Copa del Rey y les interesa ganar el título, pues que acepten las condiciones que conlleva, al menos de momento. Porque se podría hacer una petición a la Federación para que cambie ciertas cosas y así evitar algo que para muchísima gente del territorio español le resulta desagradable de presenciar. Al fin y al cabo es parte de la libertad de expresión (y no de mala educación como alguno pretende), pero en un partido de fútbol se puede dejar la política a un lado.

¿Incitan a la violencia?

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Luis Figo en su vuelta al Nou Camp con la camiseta del Real Madrid

Desde luego a la simpatía no. Y ya que estamos en una época, y más últimamente en que la violencia en el fútbol se ha salido de madre, desde aquel día en que un aficionado sacó una pistola, no recuerdo si en el campo del Sevilla o del Betis, o la triste reacción de la afición blaugrana a la visita de Figo como madridista o la más lamentable de todas, la muerte de un hincha del Deportivo en el río Manzanares a manos de ultras del Atlético de Madrid, creo que desde los clubes se podría haber hecho un esfuerzo por intentar evitar la situación o quitarle hierro al asunto, que al fin y al cabo su deber ha de ser ese, normalizar el deporte, y no fomentar separatismos políticos.

Copa del Rey. ¿Y por qué? 

Cada uno tendrá su opinión sobre la monarquía, la mía es que es innecesaria en este país. Algo que mantenemos por encima de nuestras posibilidades. Eso para empezar… y después, en Inglaterra también la hay y no juegan la Copa de la Reina, en Italia no la hay y no se llama la Copa de la República. Simplemente, es la copa de cada país, nada más. Aquí en España ha tenido varios nombres y tampoco entiendo muy bien porqué. Sería mucho más sencillo si se despolitizara el torneo, prescindiendo de himnos y de reyes. Esa es la petición que me gustaría que los clubes afectados a causa de sus principios llevaran a la Federación, en vez de aceptar jugar la Copa del Rey como tal desde el principio y después politizar el partido.

Nacionalismo

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Mosaico del Athletic con la Ikurriña

Es una palabra compleja, lo mismo significa libertad que miedo, identidad que ruptura. Lo que está claro es que vascos y catalanes tienen unos principios (y no me vale aquello de que sólo son cuatro pero que hacen mucho ruido) y los defienden. Si están equivocados o no, no soy quien para juzgarlo, supongo que como en todas las cosas, el tiempo pone a cada cual en el sitio que corresponde. Llegados a este punto suscribo las palabras de José María Sanz, “Loquillo”, artista barcelonés afincado en Euskadi cuando le preguntaron por el referéndum: “Cuando la Comunidad Europea te dice que te vas fuera, la ONU te dice que te vas fuera y los inversores te dicen que no van a invertir, ¿en qué se quedaría Cataluña? Hay 800.000 parados en Cataluña, hay una Sanidad recortada un 20 %, hay una educación recortada un 20 %, las inversiones se van, ¿realmente eso nos va a sacar de esto?”

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Votantes escoceses el día del referéndum

Pero no se le puede negar a la gente el derecho de votar y decidir sobre su futuro. En Suiza hay referéndums convocados por los ciudadanos al presentar cierto número de firmas, y el Gobierno está obligado a aceptar los resultados. Irlanda votó en referéndum sobre estar o no en la Unión Europea, Escocia sobre la absoluta independencia de Inglaterra. Y todo eso en este siglo, no hace falta irse muy lejos. La teoría es que estamos en la época más democrática que se ha conocido y que gozamos de total libertad, pero la realidad es muy distinta, empezando por el pésimo sistema electoral español que contempla la mayoría absoluta.

Así que personalmente, me disgusta la actitud de toda aquella gente que pita por motivos políticos en un partido de fútbol, y me disgusta la incomprensión histórica hacia dos pueblos que deberían tener el derecho de decidir por sí mismos.

Opiniones hay una diferente en cada casa, no pretendo convencer a nadie, ni nadie me va a convencer a mí de otra cosa llegados a este punto.

Hooligans deportistas

Irlanda revalida el título en el Seis Naciones

Irlanda revalida el título en el Seis Naciones

@nandopilgrim

“El rugby es un deporte de hooligans jugado por caballeros”. No sé quién dijo esa frase, ni voy a escribir cómo continúa porque lo sabemos todos, y cada vez es más patente.

Partiendo desde la base de que todos los deportes son simplemente eso, deportes, coincidirán conmigo en que hay bastantes variantes de lo que la palabra en sí significa hoy en día. La segunda aceptación de la R.A.E.  dice así: “recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre.” Y así es… por lo tanto, los deportistas deberían divertirse y divertirnos a los espectadores, ya de paso.

Pero me estoy yendo por las ramas, empezaré por el principio.

Me encanta el Seis Naciones. Me gusta el rugby. No me encanta el rugby, eso no. Los partidos de la liga inglesa que hace unos años transmitía Teledeporte donde jugaban un equipo verde y gris contra otro gris y verde sobre fondo embarrado, nunca los superé. Pero el Seis Naciones sí. Es otro concepto de competición, desde luego. La pasión, los colores, los himnos, si hay Grand Slam, o Cuchara de Madera, tienen su puntito. Y lo más importante de todo: la nobleza. Porque aunque no lo parezca, los jugadores de rugby son nobles. Que es un deporte con un contacto casi excesivo es innegable, pero sin mala fe. Acatan las decisiones de los árbitros, dialogan, se revisan las jugadas dudosas por televisión, existe un Tercer Tiempo donde todavía se confraterniza después de los partidos… un lujo de rara deportividad que no puedo evitar echar de menos en otro de los deportes que me gustan. El fútbol. ¿Sería posible revisar las jugadas por televisión para que el árbitro pudiese cambiar de opinión, o no tomar una decisión precipitada e influenciada por el público, (y lo más triste) por la agresividad de los jugadores que le rodean, insultan e increpan? Lo veo complicado, pero lo que más me apena es ver la prepotencia de esos “deportistas” que no saben qué es el respeto ni en muchas ocasiones el juego limpio. Ir al engaño es uno de sus pasatiempos preferidos, magnificarlo el del (en ocasiones burdo) periodismo “deportivo” que sufrimos en este país y discutirlo el de los aficionados que se encuentran en el mismo bar viendo el encuentro, llegando incluso a las manos en ocasiones.

Este fin de semana pasado había Clásico del siglo (uno más) y por supuesto acudí a verlo con amigos a un bar, (que también es de un amigo) y donde por suerte no he encontrado gente que levante una mano para defender una institución que no le da de comer. Si acaso alguna palabra cruzada sin importancia. Hubo algo de fútbol, tres goles, emoción… engaño, mala leche y prepotencia. Ya sé que no debemos quedarnos con lo negativo tal y tal… pero yo me pregunto: ¿qué es lo que le da permiso a un jugador del equipo visitante a celebrar un gol con gestos para hacer callar a todo el estadio? Pidiéndoles calma, además. Casi cien mil personas habría en ese campo el domingo. Muchos niños, más los que verían el partido con sus padres o hermanos. Niños, auténticas esponjas de actitudes. ¿Era necesario? No. ¿Porqué lo hizo? Porque nosotros, sí, nosotros, le hemos dado el poder para hacerlo. A ese y a los demás. La idolatría y el fanatismo convierten a estos personajes en lo que son. En lo que la gente pide, desgraciadamente. Lo malo es que tanta tontería conlleva la provocación.

Cristiano pidiendo calma al Camp Nou

Cristiano pidiendo calma al Camp Nou el pasado domingo

Ese tipo de actitud no se ve en un campo de rugby. Ni siquiera cuando hay en juego un título, restan apenas segundos para que acabe el partido, un equipo necesita seis puntos para ser campeón (ensayo más transformación son siete puntos) y tan sólo un metro le separa de su objetivo cuando el árbitro… señala infracción de los atacantes. Se levantan, recomponen líneas y a luchar por recuperar un balón que perdieron definitivamente. Y al término del partido sólo uno (uno!) de los quince jugadores de campo ingleses le pidió explicaciones al árbitro sobre la última jugada. Dialogando sin acritud.

¿Eso en el fútbol? Perdónenme que me ría.

Por cierto, el desenlace del Seis Naciones de este año, el mejor en mucho tiempo, lo vi en un pub irlandés, para no perder la costumbre. Ingleses y galeses animando a Inglaterra, irlandeses y franceses animando a Francia, escoceses e italianos a la suya (bastante habían tenido con disputarse el último puesto) y entre todos, cánticos, bromas, risas y cervezas. Nada más. Después, felicitaciones y más cervezas.

Las comparaciones son odiosas, pero a veces inevitables.