La librería del viejo judío

El viejo Jacob cuidaba sus libros como si de sus propios hijos se tratase. Con cariño, esmero y toda la atención del mundo. Les quitaba el polvo, les hablaba, desdoblaba sus amarillentas hojas cuando, por algún desgraciado accidente, alguno de estos caía al suelo o se encontraba en mala postura encima del estante correspondiente.

            La librería familiar, heredada desde hacía muchos años y que había visto crecer a varias generaciones de libreros entre sus paredes, se hallaba ubicada en el mismo antiguo local donde vio abrir sus puertas por primera vez. Una calle apartada del mundanal y escandaloso del centro de la ciudad, una calle adoquinada, estrecha y muy fría en invierno, donde el sol apenas podía abrirse paso entre los altos tejados de sus casas. Y sin embargo, nunca le había faltado la clientela suficiente como para poder poner en peligro su subsistencia. Los amantes de las rarezas, de las primeras ediciones, de los libros que al abrirlos impregnan el ambiente con el olor del papel añejo, sabían muy bien dónde acudir para satisfacer sus necesidades literarias, bibliogràficas e incluso para acallar su propio ego, llevándose en cada visita un ejemplar digno de honrar la biblioteca del más preciado de los eruditos.

            El viejo Jacob soñaba con formar parte de todos aquellos autores que poblaban su escaparate, y alguna vez lo había intentado, pero nunca había conseguido escribir algo con lo que sentirse completamente satisfecho. Por eso, cuando nadie le veía, se sentaba en el pequeño escritorio que habitaba la trastienda y sacaba de la caja fuerte un volumen muy peculiar, cosido con hojas blancas de grueso papel a unas tapas de cuero decoradas con símbolos celtas. En él, diferentes personajes y caligrafías trazaban una historia que bien podía darse por terminada, pero para el viejo Jacob no era suficiente. Necesitaba un toque maestro, una alma atormentada, un protagonista de turbio pasado que le confiriera a su relato un toque humano y desgarrador. Releyó las últimas lineas entre entristecido y resignado cuando una voz le arrancó de su ensimismamiento.

— Perdone, me… me gustaría hacerle una pregunta.

            El viejo Jacob levantó la vista, sorprendido e irritado ante tan inoportuna interrupción. Un insolente joven, mal vestido y mal peinado, aguardaba de pie junto a la entrada de la trastienda, pero con una pierna levantada en dirección a la puerta, como si quisiera demostrar con ello que su intención no era molestar. El viejo guardó rápidamente el libro en la caja fuerte y, con un bufido, cerró la portezuela violentamente.

— ¿Qué se te ha perdido a ti por aqui? — le espetó al joven, que seguía mirándole desde la cortina que hacía la función de umbral. Por su aspecto bien podía deducir que se trataba de un vecino del barrio, pero no recordaba haberlo visto nunca.

— Quería… comprar un libro para poder regalárselo a mi novia, pero es que no sé cúal elegir y he pensado que usted me podría ayudar…

— ¿A tu novia? ¿A tu novia has dicho? ¿Qué te crees, que esto es una libreria cursi de unos grandes almacenes? ¡Si no sabes ni lo que quieres, me estás haciendo perder el tiempo!

            Realmente el viejo Jacob estaba muy pero que muy irritado, pero lo estaba más consigo mismo por haberse dejado sorprender en posesión de su secreto más querido que por el hecho de que el joven hubiese entrado en su establecimiento considerándolo una librería normal y corriente.

            Al final el joven, después de echar un vistazo por los diversos estantes llenos de libros y rarezas, decidió irse sin comprar nada.

            Pero sabía que iba a volver, vaya que si iba a volver.

            Curro, que así se llamaba el joven, había podido vislumbrar en la penumbra de la trastienda montones de billetes y monedas dentro de la caja fuerte del viejo Jacob. Y su situación actual bien merecía un golpe de buena suerte, además de aprovechar ese mismo golpe para llevarse uno de esos libros bonitos que había visto en la librería y que no podía tampoco pagar. Y si algo de razón podía tener todavía la voz de la conciencia cuando ésta le dijo que no estaba bien ir a robar a un pobre viejo que llevaba toda la vida en el barrio sin molestar a nadie, este pensamiento se disipó como la niebla en un dia de viento al recordar de qué manera le había tratado cuando le había preguntado en el umbral de la trastienda. Esa misma noche volvería a “visitarle”.

            El viejo Jacob bajó la persiana de la librería a la hora habitual y dirigió sus cansados pasos hacia su casa. Había sido un mal día, la verdad. Pocos clientes, la mayoría de ellos turistas extranjeros y estúpidos que calificaban el local de “encantador” y “tradicional”. Él no necesitaba la admiración de semejantes enrgúmenos para sobrevivir, aunque pensándolo un poco, quizá debería haberle hecho un poco de caso al desaliñado joven que quería regalarle un libro a su novia. Si le volvía a ver le trataría de otro modo, no es que fuera a disculparse, pero al menos no le espantaría con su hosco comportamiento.

            Curro esperó a que el reloj del campanario diera las doce. A esa hora y entre semana era muy difícil cruzarse con algún transeúnte. Quizá algún borracho o despistado, pero nada más. Llegó hasta la puerta de la librería y decidió que sería más fácil entrar por el balcón del primer piso. El ventanal del balcón parecía bastante viejo y descuidado, mientras que cualquier intento de levantar la persiana metálica parecería demasiado sospechoso, aunque sólo fuera lo suficiente para que pudiera pasar arrastrándose. Así que trepó ayudándose de barrotes y cañerías hasta el balcón y, tal y como había pensado, no le resultó nada complicado acceder desde allí al interior del edificio. Bajó rápidamente las escaleras y pronto se encontró en el interior del local. Los libros, quietos y silenciosos, parecían dormir como si todas las historias que llevasen dentro se hubieran apagado de repente. La tenue luz de una farola entraba por el escaparate de cristal, otorgando a la librería un aspecto fantasmagórico. Curro decidió escoger un bonito libro para su novia antes de asaltar la caja fuerte del viejo Jacob. Rebuscó entre todas las estanterías, pero ninguno le parecía lo suficientemente bueno. Tampoco entendía demasiado sobre los títulos que leía, así que simplemente estaba buscando algo que le llamase la atención. Y lo encontró: se llamaba “El espada sin alma”. Sus tapas negras y rojas consiguieron que se fijase en él. La ilustración de la portada mostraba un espadachín embozado en una capa negra, tocado con un sombrero de plumas y que llevaba en la mano una espada con la punta manchada por la sangre de alguna victima. Curro se estremeció al ver esos ojos enloquecidos que parecía que le miraban directamente a él y le dio la vuelta al libro, encontrándose con la sinopsis en la contraportada. Amor, celos, traición, muerte. Podría servir para su propósito, parecía entretenido. Pero al darle la vuelta de nuevo al libro… el espadachín no estaba en la portada. Las letras doradas del título brillaban sobre un espacio vacío y manchado de sangre.

            Curro se sobresaltó de tal manera que soltó el libro, dejando que éste cayese al suelo. Se apoyó en la estantería y empezó a sudar. Creyendo que había tenido una alucinación, intentó tranquilizarse un poco y luego volvió a coger el libro. Pero no lo había soñado, el espadachín no estaba en la portada, la ilustración que tan vívida le había parecido unos segundos antes ahora aparecía vacía.

            Asustado, Curro retrocedió poco a poco hasta llegar a la cortina que separaba la librería de la trastienda. Lo mejor era intentar abrir la caja fuerte y coger todo el dinero que pudiera antes de salir pitando de allí. Ya no le parecía tan buena idea haber entrado a robarle al viejo Jacob. Por suerte, el librero se lo había dejado más fácil de lo que pensaba: la puerta de la caja fuerte se hallaba entreabierta, por lo que en un abrir y cerrar de ojos habría terminado con su cometido. Le sorprendió el hecho en sí cuando descubrió, abandonado encima del escritorio, el volumen con las tapas de cuero que el viejo estana ojeando en el momento en que Curro lo interrumpió. Le echó un vistazo rápido antes de centrarse en lo verdaderamente importante, pero no le parecio de demasiado interés. Entonces oyó un leve sonido a su espalda. No había escuchado nunca nada parecido, pero supo que era el ruido que produce el pliegue de una capa en el aire. Se volvió muy lentamente y sí, justo enfrente de él, el espadachín de ojos enloquecidos le miraba fijamente, mientras su boca se torcía en una desagradable y burlona sonrisa.

            Curro no tuvo tiempo de suplicar por su vida ni alegar una sola palabra en su defensa, la espada asesina se levantó en el aire y con un certero tajo en el cuello del joven cercenó su vida. Su corazón exhaló su último suspiro y Curro cayó sobre el escritorio, justo encima del libro abierto de Jacob.

            A la mañana siguiente el viejo abrió la librería puntual como cada mañana. Levantó la persiana, barrió el umbral de la puerta y luego se dirigió hacia la trastienda. Todo parecía en orden, hasta que se fijó en un libro que había en el suelo, debajo del escritorio. Lo recogió con cuidado y luego leyó el título: “El espada sin alma”. Sonrió levemente y abrió la caja fuerte. Allí estaba, junto con todo el dinero que había acumulado a lo largo de los años, su libro. Lo abrió y pudo comprobar que la historia había cambiado, una nueva caligrafía había aparecido en él y por fin había encontrado un nuevo personaje, aterrado y atormentado, que le confería a las últimas páginas del libro ese toque desgarrado que tanto tiempo había estado buscando.

            El viejo Jacob había concluido, por fin, su gran obra maestra.

2 pensamientos en “La librería del viejo judío

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s