Lo Inevitable

@nandopilgrim

Andrea se daba cuenta cada vez que miraba al cielo, que realmente eran afortunados. Sin embargo, no podía evitar sentir una punzada de tristeza, ahora que Masser había anunciado que les dejaba definitivamente. Se habían acostumbrado a las idas y venidas de este insólito ser que siempre les adelantaba los acontecimientos, pero nunca les había dicho que no volvería más a aparecer por sus vidas. Después de las primeras desapariciones de Masser empezaron a habituarse a ello.

Sentada en el pórtico de su casa-jardín, Andrea contemplaba el firmamento. Las estrellas tradicionales se habían visto suplantadas por un sinnúmero de objetos brillantes que volaban sin orden ni sentido un poco más allá de los límites de la atmósfera. A veces, chocaban entre ellos y entonces caían en picado sobre la Tierra, desintegrándose por el camino, incendiándose como estrellas fugaces. A veces parte de estos objetos lograba llegar a tocar la superficie terrestre, pero se hundía lentamente en el mar de cenizas en que ésta se había convertido y desaparecía sin dejar rastro. Andrea sabía que estaban a salvo dentro de la burbuja de vidrio indestructible en el que vivían. Había muchas burbujas-viviendas repartidas por todo el mundo, y se agrupaban en pequeñas colonias, como abejas, entre las cuales volaban pequeñas naves cuando sus habitantes querían visitarse. Agruparse, era un término que Masser no entendía del todo y esto hacía sonreír a Andrea. De donde venía Masser no hacía falta agruparse, ellos se comunicaban telepáticamente y sólo acudían físicamente a reuniones cuando había que trabajar en algún proyecto común. Andrea también sabía que Masser no era como lo veían, una especie de ejecutivo estirado con traje negro y rostro serio que nunca mostraba ninguna emoción. Masser no tenía forma, Andrea lo supo el día que se atrevió a espiarle entornando la puerta de su habitación mientras pensaba que no la vería. El cuerpo descansaba tranquilamente sobre la cama, con los ojos abiertos y las manos en los costados, mientras una figura uniforme que flotaba en el aire revolvía papeles y escribía datos en los cuadernos donde Masser y Robert, su padre, trabajaban. No parecía sólido, era más bien como una nube de gas que se expandía y contraía a placer. Tampoco pudo observar ningún apéndice con que aquello cogía los lápices y los utilizaba para escribir, pero lo hacía. Pese a estar callada y reprimir su sorpresa, de repente la nube desapareció, el cuerpo se levantó de la cama de golpe y cerró la puerta de la habitación, pero sin dar ningún portazo, lo hizo suavemente, como recriminándole cariñosamente que le estuviera espiando. Andrea nunca le contó a su padre aquello, puesto que suponía admitir que estaba espiando a Masser, cosa que tenía prohibida desde poco tiempo después en que éste llegó a sus vidas y a ella empezó a despertarle la curiosidad el extraño comportamiento del nuevo inquilino del cuarto de invitados.

Cuando Masser llegó, el mundo no era así. Y ella era apenas una niña. Ahora era casi una mujer y nada era como lo recordaba. No quedaban arboles, ni casas, ni ciudades, los ríos no se distinguían en el mar de cenizas que cubría toda la tierra. No existía nada de lo que ella había conocido antes de lo que Masser y su padre llamaron Lo Inevitable. Ya no podía ir a patinar al parque, ni a saltar a la cuerda con sus amigas, ni disfrutaba de ese interminable viaje a la playa cada domingo de verano en el viejo automóvil de su padre, sin aire acondicionado, en los que se pasaba la hora y media con la cabeza fuera de la ventanilla mientras los ojos le lloraban por la fuerza del viento.

Masser llegó a casa como un nuevo compañero de trabajo de su padre, que trabajaba en uno de los grandes laboratorios del gobierno como físico nuclear. El gran objetivo del equipo de su padre era conseguir el óptimo funcionamiento del acelerador de partículas en busca de la fusión nuclear, ya que la utilización de los métodos de la fisión estaban generando demasiados residuos nucleares en todo el planeta, y la contaminación era importante. Masser, por otra parte, también le ofreció a su padre la posibilidad de obtener un isótopo muy escaso en la Tierra pero de alto valor energético, el tritio, y lo que era más importante aún, la posibilidad de poder realizar la fusión en lugares donde las condiciones eran óptimas para ello y no se podía alcanzar en ningún lugar del mundo: en el centro de las estrellas, para luego teletransportar esa energía a la Tierra. Robert fue convencido fácilmente, siempre había mostrado tener una mente abierta y una buena predisposición para intentar por todos los medios posibles lograr paliar el desgaste al que el planeta estaba siendo sometido, pero sus superiores no se mostraron tan atraídos por las extravagantes ideas de un científico del que apenas nada conocían, a pesar de los esfuerzos de Robert por presentar a Masser de una manera creíble. Así que cuando desistieron de presentar proyectos en busca de una mejor utilización de las energías conocidas Masser le aconsejó a Robert que se despidiera del trabajo. Le conminó a reunir semillas de todas las especies conocidas de vegetales que existían a su alrededor en un radio bastante extenso de terreno. Esto le resultaba a Andrea francamente divertido, pues suponía recorrer el país de arriba abajo y perderse semanas enteras de clases. A la madre de Andrea no le parecía tan conveniente, pero terminaba por aceptar la palabra de Masser como una verdad absoluta, pues cuando el extraño invitado exponía sus argumentos apenas encontraban respuestas con que rebatirle.

Masser desapareció en ésa época tres o cuatro veces, la última durante dos años enteros, pero la noche en que estalló la guerra regresó. Y regresó justo a tiempo, cuando Robert estaba entrando en estado de desesperación y no cesaba de repetir que todo aquello había sido una locura, que había perdido el tiempo y que nunca tendría que haber dejado el laboratorio, más aún sabiendo que la amenaza de una guerra nuclear era bastante probable.

-Nada hubiera cambiado de seguir allí, Robert, sin embargo, ahora todo cambiará. – Masser nunca se presentaba ni decía “hola”. Simplemente aparecía, y volvían a sentir un extraño estado de calma, como si de repente todo estuviera en orden- La hora de refugiarse ha llegado, todo tu trabajo ha de preservarse de lo que está por llegar.

-Pero la guerra puede durar meses, e incluso años, y no se agotarían las reservas armamentísticas de los países, ni se encontrará una solución al conflicto antes de que la Tierra quede poco menos que aniquilada.

-Por eso y tu familia y las demás elegidas debéis permanecer encerrados hasta que todo esto termine. Luego tendré más instrucciones para vosotros.

Mientras hablaba, Andrea se dio cuenta de que la casa y el pequeño jardín que la rodeaba se iban recubriendo lentamente por una cúpula de vidrio enorme, transparente, y salió corriendo a ver de qué se trababa. Su madre no pudo evitar un grito, pero Masser levantó una mano y la tranquilizó:

-Nada le va a pasar mientras no salgáis de aquí, y no saldréis hasta que yo os lo diga.

Andrea miraba asombrada a su alrededor. En mitad de la noche la guerra había estallado como una gran exhibición de fuegos artificiales, sólo que no se trataba de eso. Al mismo tiempo, en el cielo, miles de pequeñas y brillantes naves se agolpaban en el firmamento, como un enjambre de langostas a punto de caer sobre la Tierra. Masser cogió a la pequeña Andrea y la hizo entrar en la casa.

-Vuestra principal amenaza no sois vosotros, humanos. Habéis forzado vuestra destrucción y con ello habéis atraído a otros seres, parásitos, que se alimentan de los deshechos que forman los planetas y las estrellas a punto de desaparecer. Cuando mi misión de intentar que vuestros países no hallaran la forma de destruirse por completo fracasó, gracias a la obstinación y la codicia, obtuve permiso para salvaguardar vuestra biodiversidad en manos de algunos elegidos por mí. Incluyendo vuestra propia especie.- añadió  – Ahora han llegado y esperan su turno para entrar en acción.

Después de esto, despareció. La guerra no duró tanto como preveía Robert, sino más bien fueron las pequeñas naves llegadas desde otro universo las que intentaron destruir todo rastro de vida, pero Masser y la gente de su especie destrozaron sin piedad cada una de aquellas naves parásitas que intentaban agrietar la Tierra para acelerar su destrucción. Los restos de las naves se quedaron flotando encima de la atmósfera, con el punto justo de gravedad que les impedía alejarse de nuestro planeta y al mismo tiempo también ser atraídos por él. Andrea las llamaba las hijas de la guerra.

Mientras tanto la batalla en la Tierra había desencadenado una serie de cataclismos por los cuales todo el  mundo conocido había quedado prácticamente destruido. No quedaba vida sobre la superficie y la radioactividad gobernaba el planeta. Masser volvió a desaparecer una temporada, pero luego volvió y le dijo a Robert que los niveles, aún peligrosos, se podían salvar mediante pequeñas naves espaciales que podrían utilizar para contactar con los supervivientes de aquella catástrofe. Fue entonces cuando descubrieron que había más familias encerradas en cápsulas como la suya, portadores cada una de unas especies diferentes que Masser había escogido para que cada una de ellas custodiara. Con el tiempo decidieron agruparse, y luego nacieron cápsulas escuelas, y cápsulas jardines, y cápsulas teatro, y todo aquello que la tecnología que iban desarrollando de nuevo les permitía construir. Una nueva civilización estaba empezando a hacer su aparición y la familia de Robert y Pam, con su hija Andrea, iba a formar parte de ella. Sólo que todavía tardarían al menos veinte años en poder prescindir de las cúpulas y empezar a sembrar todas aquellas semillas que tenían guardadas en montones y montones de cajas en el sótano.

-Cuando llegue el momento, lo sabréis. Las cápsulas están diseñadas para combatir la radioactividad. Cuando la fuerza constante de las lluvias haya limpiado por completo el planeta, desparecerán y podréis volver a salir.

-¿Y no podemos seguir construyendo?-inquirió Robert.

-Negativo-Masser acompañaba sus palabras con un movimiento con la cabeza, había aprendido algunas costumbres en sus estancias en la Tierra-Nuestros recursos también son limitados en lo que se refiere a la obtención del material que protege vuestras casas, y ya no hemos obtenido más permiso para seguir utilizando ese material aquí. Debéis conformaros con vuestra situación y preparaos para cuando sea necesario utilizar vuestra fuerza de nuevo en la reconstrucción de vuestro planeta. Pero sed conscientes de que no intervendremos otra vez si volvéis por el mismo camino.

Ya había pasado un largo tiempo desde aquello, y Andrea se había acostumbrado a la vida confinada en su propia casa. Lectura, estudio y escuchar música, la vieja música que sus padres todavía conservaban en diferentes formatos eran sus principales distracciones, a las que había llegado a amar como amigas verdaderas.

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